27 de febrero de 2017

NUESTRA VIDA DE ORACIÓN V

NUESTRA VIDA DE ORACION V
Una Guía para Nuestra Vida Personal de Oración
Por apóstol Dr. Daniel Guerrero


QUINTA PARTE:
Permaneciendo en intimidad con Dios


Desde la Tercera parte, comencé a explicar cómo podemos avanzar hacia la intimidad con Dios, por medio de la oración. Y dividí ese tema en dos partes. En la primera parte vimos una vívida ilustración de cómo podemos superar nuestros propios obstáculos, que llamé crisis de fe, y avanzar en nuestra relación con Dios.

Y en la Cuarta parte comencé a compartir sobre la segunda parte haciendo uso de un esquema del Tabernáculo o el Templo para también ilustrar nuestro proceso de avanzar en nuestra relación íntima con Dios. También dije que ese diseño, o patrón de relación, que Dios había establecido con Su pueblo, que en principio sirvió para el pueblo del primer o antiguo Pacto; también nos orienta a nosotros, el pueblo del nuevo Pacto.  Sin embargo, este diseño y estructura sacerdotal, tal como en ese momento fue planteado era imperfecto y no facilitaba la intimidad con Dios, porque estando bajo el marco de la Ley de Moisés, lo que facilitaba era la propia consciencia pecaminosa del sacerdote-adorador (Heb. 7:22-28; 10:1-10; Ro. 7:7-11; 3:10-12).  ¿Por qué?  Porque tal como el apóstol Pablo nos enseña, el propósito de la Ley era llevarnos a Cristo.  El propósito de la Ley era mostrarnos nuestro pecado y debilidad; y por lo tanto, mostrarnos nuestra profunda necesidad de un Salvador (Gál. 3:23-25).  Por eso vemos que en el Nuevo Pacto nuestro Señor Jesucristo, Su obra y persona, son centrales y fundamentales para un debido servicio sacerdotal y para entrar y sostener una real y profunda relación espiritual con nuestro Padre celestial. Sólo por los méritos y por la excepcional obra de Cristo en la cruz del Calvario y por la presencia de Su Espíritu en nuestras vidas es que nosotros podemos alcanzar una relación íntima con Dios.

Así que, en esta Quinta parte vamos a profundizar aún más cómo podemos permanecer en intimidad con Dios.  Y veamos con detenimiento esos fundamentos que nos permiten esa relación íntima y nuestro ministerio sacerdotal ante Dios.

1.- Los Fundamentos (Hebreos 10:19-21)
1.1. El cuerpo sacrificado de Jesucristo.  Él mismo se presentó como la ofrenda, como el cordero santo y perfecto, que era capaz de quitar el pecado de la humanidad (Jn. 1:29,36; Hch. 8:32; 1 Pe. 1:18-20; Ap. 5:5-7).  Su sacrificio fue tan perfecto y completo que fue y es suficiente una vez y para siempre, para que tengamos acceso diariamente, no sólo una vez al año, para entrar ante el Gran Trono celestial (Heb. 7:27; 10:19-22).

1.2. La sangre de Jesucristo.  Su preciosa sangre igualmente fue suficiente para perdonarnos y quitar el pecado del mundo una vez y para siempre (Heb. 9:11-13; Ef. 1:7; Col. 1:14).  Su sangre también nos limpia para el continuo y diario ministerio sacerdotal (1Jn. 1:7).  Y Jesucristo con Su sangre también nos hizo reyes y sacerdotes para nuestro Dios (Ap. 1:5).

1.3. El sacerdocio de Jesucristo.  El sacerdocio de nuestro Señor Jesucristo, según el orden de Melquisedec, es mucho mejor porque está basado en juramento, en mejores promesas y mejores resultados. Y como vimos arriba, por medio de Su sangre nos ha hecho también sacerdotes para nuestro Dios (Heb. 8:1-6; 9:11-12; 7:11-19; 1Ti. 2:15; 1Pe. 2:9)

Nuestro propio ministerio sacerdotal se basa total y completamente en el sacrificio, la sangre y sacerdocio de nuestro Señor Jesucristo.  Por nuestra unión espiritual en Él, por medio de Su Espíritu Santo, nosotros estamos habilitados para entrar confiadamente al Trono de la gracia para recibir oportuno socorro, interceder y ofrecer sacrificios espirituales que glorifican Su santo Nombre (Heb. 4:15-16; 10:19-22; 13:15; 1Pe. 2:4-5).

Nuestra relación y ministerio ante Dios están basados definitivamente, absolutamente y completamente en las obras de nuestro Señor Jesucristo, por lo cual nos garantiza una mejor y mayor relación espiritual con Dios.  No es por causa de nuestras obras o por causa de nuestra propia piedad, o méritos sino por Su obra completa y perfecta en la cruz del Calvario y por Su gracia.  Así que, nosotros tenemos que confiar en Él y venir ante Dios con fe, confiadamente, con un corazón limpio y humilde totalmente rendido ante Él.

2. Las Etapas (Hebreos 10:19)
Este diseño y esquema del Tabernáculo-Templo nos da muchas pistas de lo que puede ser nuestra relación íntima con Dios y cómo permanecer en ella.  Pero también nos orienta sobre cómo podemos ministrar delante de Él en Su Presencia.  Una vez más le invito que observe con detenimiento la foto arriba...

2.1. La Primera Etapa: el Atrio.  En esta área o escenario era donde se presentaban los sacrificios y alabanzas a Dios, lo que predominaba y sigue predominando es una conciencia de redención y aceptación.  Lamentablemente, todavía la mayoría de los hijos de Dios, por causa de sus ataduras mentales, emocionales y religiosas se mueven principalmente en esta área...

Esta área es sumamente importante, porque nos da la entrada, el acceso, para relacionarnos con Dios y ministrar ante Él.  Pero si no entendemos bien su propósito y la obra de Jesucristo podemos llegar a entretenernos y perder lo mejor: la presencia íntima con nuestro Dios.

La Biblia nos enseña que a esta Primera Etapa entramos alegres, con alabanza y acciones de gracias (Sal. 100:1-4), porque Dios desea que desarrollemos y conservemos un corazón agradecido, lleno de alabanzas para Él (1Tes. 5:18).  Por ejemplo, observemos el ministerio sacerdotal de nuestro Señor Jesucristo que, la noche en la que iba a ministrar e impartir el Nuevo Pacto y luego darse en sacrificio por la salvación del mundo, lo primero que hizo fue dar gracias (Mt. 26:27; Mr. 14:23; Lc. 22:19; 1Cor. 11:24).  ¡Así que, seamos agradecidos con Dios!

El Atrio también representa el lugar de la sangre, del sacrificio, de la purificación.  Aquí en oración, recordamos la obra perfecta de nuestro Señor Jesucristo, le damos gracias por Su amor y sacrificio, recibimos nuevamente Su sangre y le pedimos que nos limpie, después de haber confesado nuestros pecados y arrepentirnos de todos ellos.  Entonces con un corazón limpio y preparado, basados en los méritos de Cristo, avanzamos hacia la Segunda Etapa: el Lugar Santo.

Pero repito, lamentablemente, la mayoría de los discípulos de Cristo no avanzan sino que se quedan allí rumiando con sus pensamientos de culpa y vergüenza por causa de Sus pecados.  Sí, creen en Jesucristo, creen que Él los perdona y les da salvación, pero se quedan la mayoría del tiempo en el ámbito religioso, permitiendo que el enemigo y la religión continuamente los juzguen y los condenen por sus fallas, errores y debilidades.  Esta conducta religiosa negativa es auspiciada y reforzada por continuas predicaciones y enseñanzas que  enfatizan más nuestra condición y naturaleza pecaminosa en vez de enseñar y exaltar la obra de amor, el poder y la victoria que Jesucristo nos mostró en la cruz del Calvario, resucitando de entre los muertos.  Estas predicaciones religiosas enfatizan más la fuerza condenatoria de la ley, en vez del poder de la gracia que Dios manifestó en su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, perdonándonos nuestros pecados, aceptándonos como Sus hijos y capacitándonos y habilitándonos como Sus sacerdotes para la gloria de Su Nombre (Ef. 1:3-12; 2:4-10; Ro. 5:8-9).

El Atrio se puede prestar para la carne, para la religión, porque estamos en el ámbito más visible de los hombres.  Y hay algo dentro de todos nosotros que nos gusta y nos impulsa a aparentar algo que no somos, eso es la carne.  En el Atrio vemos todo y todos nos ven... En el Atrio nuestra carne es muy estimulada por la vista, el olfato, el oído y el tacto... Así que, allí religiosamente nos aseguramos que todo nos salga bien y nos vean bien... En vez de quitarle el poder al enemigo y a la religión reconociendo continuamente que hemos pecado ante Dios, que necesitamos a nuestro Salvador, que sin Él nada podemos ser ni hacer, preferimos escucharlos y darles poder a sus palabras condenatorias y a sus acusaciones.  El remedio contra la religiosidad es un corazón contrito y humillado (Sal. 51:16-17).  Así le quitamos el poder al acusador y a todos aquellos que nos condenan, diciéndoles: --¡Sí tienes razón!  He pecado, por  eso vengo ante mi Dios, ante mi Señor, porque sin Él nada puedo hacer, lo necesito; necesito desesperadamente Su amor y Su gracia; necesito estar en Su presencia, así que, adiós porque Él me está esperando--.  Si nos quedamos rumiando con nuestro pecado y debilidades en el Atrio, no podremos avanzar hacia la intimidad que nos ofrece el Lugar Santísimo.

Para el cristiano maduro, para el hijo de Dios que tiene clara su identidad en Cristo, el Atrio le sirve es para ser agradecidos, es para siempre recordar el amor eterno de Dios, el gran amor de nuestro Señor que murió en nuestro lugar, que derramó Su sangre para perdonarnos y abrirnos el camino para nuestra relación íntima con el Padre y nuestro servicio ante Él.

Para el cristiano maduro el Atrio le da la base y el fundamento espiritual y legal sobre la cual él sabe que puede avanzar en su relación con Dios y puede ministrar delante de Él, porque él sabe que sin Cristo nada puede hacer, que separado de Él nada puede, que está unido a Él y todo se lo debe a Él (Jn. 15:5-11; Ro. 8:1-14; Gal. 2:20).  El cristiano maduro sabe que lo que es y hace es por la obra del Espíritu de Cristo en él; así que su relación y su ministerio es espiritual, basada en la obra de Cristo y activada por el Espíritu, por gracia.

Para el cristiano maduro, que pone totalmente su fe y confianza en Dios, el Atrio es el lugar para recordar que ya fuimos justificados, es decir, fuimos declarados justos por Dios, fuimos aceptados y adoptados como Sus hijos, y esto por gracia por medio de la fe; por lo que ya no hay por qué sentir culpa ni vergüenza porque Dios ya nos perdonó por medio del sacrificio y la sangre de nuestro Señor Jesucristo.  Esa poderosa verdad nos da verdadera paz y reposo en el Señor (Mt. 11:25-30; Jn. 1:12-13; Ef. 2:4-9; Ro. 3:21-26; 5:1-8; Gál. 2:15-21; Tito 3:4-8)

En el Atrio podemos ser seducidos por la religión de poner nuestra confianza y seguridad en nuestra carne, en nuestros propios méritos y habilidades, o podemos ser dirigidos por el Espíritu de poner nuestra mirada y confianza solamente en los méritos y atributos de Cristo, nuestro Salvador, nuestro Redentor, el Cordero santo de Dios.  Y podemos cantar allí el canto celestial de Apocalipsis 5:11-13 y 7:9-12:
"Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.
Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos."

"Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.
Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: Amén.  La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos.  Amén."


En la Sexta parte continuaremos analizando este esquema de relación y ministerio que nos ofrece el tipo y modelo del Tabernáculo-Templo de Dios.

Si desea continuar con la Sexta parte, haga click aquí.


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22 de febrero de 2017

NUESTRA VIDA DE ORACION IV

NUESTRA VIDA DE ORACION IV
Una Guía para Nuestra Vida Personal de Oración
Por apóstol Dr. Daniel Guerrero


CUARTA PARTE:
Permaneciendo en intimidad con Dios


En la Tercera parte, que iniciamos en la entrega anterior, expliqué cómo podemos avanzar hacia la intimidad con Dios, por medio de la oración. Y dividí ese tema en dos partes. En la primera parte vimos una vívida ilustración de cómo podemos avanzar en nuestra relación con Dios. Y ahora en esta segunda parte haré uso de un esquema del Tabernáculo o el Templo para también ilustrar nuestro proceso de avanzar en nuestra relación íntima con Dios. ¡Así que, vamos a comenzar!

2.- Avanzando en intimidad con Dios
Como dije arriba, voy a hacer uso de un esquema del Tabernáculo o del Templo para también ilustrar nuestro proceso de avanzar en nuestra relación íntima con Dios.  Vea la foto de abajo y observe...

Según leemos en Hebreo 9:1-5 el Tabernáculo de Moisés estaba organizado así: "Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal.  Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición.  Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto; y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle".

Así que, podemos observar que el Tabernáculo nos plantea un diseño, un patrón de relación, que Dios ha establecido con Su pueblo, que en principio sirvió para el pueblo del primer o antiguo Pacto; y también nos orienta a nosotros, el pueblo del nuevo Pacto.  Podría extenderme también en el tema teológico, pero baste aquí decir que el Tabernáculo representa un tipo, que como lo define Muenscher, es “la relación representativa preordenada que ciertas personas, eventos, e instituciones del Antiguo Testamento tienen con personas, eventos, e instituciones correspondientes en el Nuevo”.

Para todo tipo hay un anti-tipo, o sea para toda "sombra" hay una realidad.  ¿Cuál es el anti-tipo o la realidad que representa el Tabernáculo en el Nuevo Pacto?  La primera respuesta ineludiblemente es que el Tabernáculo representa la persona y obra de Jesucristo.  Pero también podemos decir que representa la relación que existe entre el cielo y la tierra.  Muy particularmente, nuestra relación entre el primer, segundo y tercer cielo.  Dios quiso prefigurar con el Tabernáculo (el tipo) la relación que existe y debe existir entre cielo y tierra (el anti-tipo).  Y es necesario que nosotros tengamos esto claro en nuestra mente y en nuestro espíritu, para que podamos extraer las mejores lecciones sobre este tema de la importancia de la oración para avanzar en nuestra intimidad con Dios y permanecer en ella.

Diseño de relación íntima en el Antiguo Pacto

Desde la perspectiva de la oración establecida en la estructura del Tabernáculo bien podríamos decir que la mayoría del pueblo de Israel no desarrolló intimidad con Dios.  En ese período de tiempo desde Moisés (1446-1447 a.E.C., alrededor del s. XII-XIII a.E.C.) hasta la destrucción del templo, en el año 70 d.C (s. I d.C.), al igual que hoy, las personas que podían lograr intimidad con Dios lo hacían por gracia, porque el diseño y esquema de adoración-oración del Tabernáculo y luego del Templo no se los permitía.

Veamos...

Lo que sucedía en el Atrio
Los sacrificios y lavamientos de los sacerdotes se hacían en el Atrio (Éx. 27:9-10; 38.9-20).  El Atrio, lugar externo del Tabernáculo-Templo era dónde acontecían los lavamientos y los sacrificios y también los cánticos y alabanzas musicales.

Usemos un poco la imaginación y visualicemos cómo sería el escenario ante nosotros... ¡El Atrio sería un lugar de muchos olores, sonidos y acontecimientos!  Al entrar nos encontraríamos con un sin números de sonidos de animales, de vacas, bueyes, toros, ovejas, chivos y tórtolas, junto con sus respectivos excrementos.  Estos animales antes de ser sacrificados eran lavados, al igual que los sacerdotes lo hacían, para ofrecer los respectivos sacrificios tanto en el Atrio como en el Lugar Santo y Santísimo.  En el Altar de bronce, que era lo suficientemente grande se consumían en el fuego los holocaustos u ofrendas especiales de paz y expiación.  Antes de llegar allí los animales, todos los animales, eran sacrificados aparte y el derramamiento de sangre era grande y dramático, especialmente en la Fiestas especiales como Pascua, Pentecostés, Perdón y Tabernáculos.  El día de la dedicación del Templo los sacrificios de animales eran tantos que no se pudieron contar... (2Cró. 5:1-6; 1Rey. 8:6), también durante la re-dedicación del Templo en tiempo de Ezequías (2Cró. 29:17-36; 30:21-27).  También en el Atrio estaban los músicos y cantores establecidos desde el reinado de David; y los sacerdotes o levitas de un lado a otro yendo y viniendo, llevando utensilios, agua, leña; unos lavando, otros matando animales, otros desollando animales; otros recibiendo las ofrendas de animales, frutos y granos; y otros colocando  los sacrificios y holocaustos en el altar.  ¡En un ambiente tan lleno de movimiento y bulla, así no podía haber intimidad!  ¡Era sencillamente imposible!  Además que el enfoque no estaba en Dios, sino en la condición pecaminosa e impura del ofrendante-adorador.

Lo que sucedía en el Lugar Santo
En el Lugar Santo no entraban todos los sacerdotes levitas sino los asignados según las diferentes casas o clases de la tribu de Leví (1Cró. 24:1-31).  Habían 24 casas paternas sacerdotales de los hijos de Aarón, descendientes de Leví.  Y ellos se turnaban en el servicio tanto en el Atrio como en el Lugar Santo.  Por ejemplo, en el caso del sacerdote Zacarías, padre del profeta Juan, él era levita de la casa o clase de Abías; y ese día que se encontró con un ángel le tocó en suerte colocar incienso en el altar del Lugar Santo (Lc. 1:5-10).

Los sacerdotes de las respectivas clases echaban suerte, haciendo uso del Urim y Tumim (Éx. 28:30; Lv. 8:8; Es. 2:63), para determinar el correspondiente oficio del día en el que les tocaba servir en el Tabernáculo-Templo.  Por ejemplo, en el área del Lugar Santo, colocar aceite y encender durante el día el Candelabro o Menorah, colocar en la mañana los panes, mantener el fuego encendido en el altar de incienso y colocar incienso en él regularmente.

Aquí el ambiente era menos ruidoso y movido, comparado con el Atrio.  Primero, porque a ese Lugar no entraba cualquier sacerdote, sino el asignado según la clase o casa familiar levítica; y segundo, porque había menos cosas que hacer.  Así que, las posibilidades de lograr intimidad con Dios eran mejores; sin embargo, esa no era la expectativa regular de los sacerdotes, que por su temor reverente a Dios, preferían estar allí el menor tiempo posible.  Tanto en el caso de Isaías (Is. 6:1-7) y Zacarías (Lc. 1:8-13) sus experiencias con Dios no sucedieron porque ellos estaban buscando intimidad con Dios, a todas luces fueron más bien "interrupciones sorpresivas" hechas por Dios durante el servicio que ellos hacían en el Lugar Santo.

Lo que sucedía en el Lugar Santísimo
Éste definitivamente era el Lugar más oscuro y silencioso de todo el complejo del Tabernáculo-Templo.  ¡Y también el que asustaba más!  En este Lugar uno no se podía equivocar... Allí se entraba con el corazón correcto, con la ropa correcta, con el sacrificio correcto, con el incienso correcto y en el día correcto.  ¡Si te equivocabas en el código, ceremonia y procedimiento sencillamente morías!

Así que, el Sumo sacerdote o el Principal entre los sacerdotes levitas, descendientes de la tribu de Leví, entraba literalmente con mucho temor y temblor, pues debía comparecer ante la Presencia de Dios, presentándose en el Altar de la Propiciación, por sus propios pecados y los de todo el pueblo.  Por lo tanto, a este Lugar Santísimo entraba UN SÓLO HOMBRE, con UN SÓLO SACRIFICIO, UN SÓLO DÍA al año...  El resto del pueblo y sacerdotes esperaban afuera, con ansiedad y expectativa, que el procedimiento y el holocausto fueran aceptados por el Dios de Israel.

Ese era el "contacto personal" que podía tener el pueblo de Israel con Su Dios, dentro del esquema sacerdotal del Tabernáculo-Templo.  A todas luces, muy limitado e intimidante, que no facilitaba la intimidad con Dios.  Esta intimidad por lo regular, ocurría más bien, por medio de la gracia de Dios, fuera de los predios y paredes del Tabernáculo-Templo.  ¡Y ya eso nos dice mucho a nosotros hoy!

Diseño de relación íntima en el Nuevo Pacto
El Nuevo Pacto fue inaugurado por nuestro Señor Jesucristo y Él anunció con claridad que "Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren." (Jn. 4:23-24)

El énfasis que el Maestro dejó es que el Padre busca a aquellos adoradores que le adoran en espíritu y en verdad.  Y estos podrán acercarse al Padre en cualquier lugar y en cualquier momento, ya no se requiere un lugar especial, un monte o ciudad especial ni un edificio especial; sino lo que se requiere es un corazón y una relación especial con el Padre.  ¡Y todo eso es posible por nuestra conexión y relación con su Hijo, nuestro Señor Jesucristo! (Jn. 14:6; 1Tim. 2:5)

En el Nuevo Testamento toda la tipología del diseño sacerdotal y mobiliario del Tabernáculo-Templo apunta a nuestro Señor Jesucristo.  En ese sentido, podemos decir que Cristo fue EL SACRIFICIO perfecto, EL SACERDOTE perfecto (no según el orden levítico sino el de Melquisedec) y EL TEMPLO perfecto, que fue Su propio cuerpo y a Su vez Él mismo se presentó ante el mismo Trono de Dios el Padre.  Todo el libro de Hebreos y otras cartas paulinas así nos los enseñan y explican.

Otros estudiantes aplican la tipología del orden y diseño del Tabernáculo-Templo a la vida del creyente.  Así el Atrio representa el cuerpo, el Lugar Santo el alma y el Lugar Santísimo el espíritu.  Desde esta perspectiva, el discípulo-intercesor aplica diariamente el sacrificio, la sangre y el agua de Cristo a su vida; luego le pide al Espíritu Santo (el Candelabro) que lo ilumine y lo guíe a la Palabra (los panes de la proposición), para luego hacer apropiadamente intercesión por los demás; hasta que finalmente se conecta íntimamente, de corazón a corazón, espíritu con Espíritu, con el Señor en Su presencia, delante del Trono del Padre celestial.  Aunque esta relación no tiene mayor fundamento bíblico, sí se puede hacer la conexión basados en nuestra unión espiritual con Cristo, en la que Él es el Sumo Sacerdote y nosotros somos un reino de sacerdotes o sacerdotes reales.

En ambos casos, nuestro Señor Jesucristo, Su obra y persona, son centrales y fundamentales para un debido servicio sacerdotal y para entrar y sostener una real y profunda relación espiritual con nuestro Padre celestial.  Sólo por los méritos y por la excepcional obra de Cristo en la cruz del Calvario y por la presencia de Su Espíritu en nuestras vidas es que nosotros, todos nosotros, hijos de Dios, podemos alcanzar una relación íntima con Dios.

Vamos a parar aquí, y en la próxima entrega continuaremos desarrollando este tema de cómo avanzar, desarrollar y permanecer en intimidad con Dios.

Si desea continuar con la Parte V, haga click aquí.


Fuentes:
Moisés en Wikipedia 
Moisés, biografía bíblica
Éxodo según Wikipedia
El Lugar Santo
El Tabernáculo
El Sacerdocio
Lenguaje de Dios V Tipos y Anti-Tipos

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