27 de noviembre de 2016

NUESTRA VIDA DE ORACION II

NUESTRA VIDA DE ORACION II
Una Guía para Nuestra Vida Personal de Oración
Por apóstol Dr. Daniel Guerrero


SEGUNDA PARTE
La Oración: Nuestra Intimidad con Dios

"Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó?"
(Jeremías 23:18)

En la Primera parte dije que nuestra comunicación con Dios, por medio de la Oración, debe estar basada en un conocimiento íntimo de Dios. ¡Y ésta puede ser una relación íntima como la que el Padre tiene con el Hijo y el Hijo con el Padre! (Juan 10:14-15; 17:21-23)

También dije que nuestra intimidad con Dios es posible por causa de la presencia del Espíritu Santo y Su Palabra morando en nosotros (Efesios 5:18-20; Colosenses 3:16). Ambos, tanto el Espíritu como la Palabra nos acercan a la intimidad con el Padre y el Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Así que, la Biblia y el Espíritu nos enseñan que sí podemos escuchar la Voz de Dios; que sí podemos comunicarnos con Dios amplia y profundamente; que sí podemos desarrollar una relación íntima  y personal con Dios (en el secreto); porque estamos unidos a Él, por medio de Su Espíritu Santo, que Él ha hecho morar en nuestros corazones.

"La gran lección que todos necesitamos aprender en oración, en nuestra relación con Dios, es que a Dios no lo mueven nuestras grandes acciones ni nuestras emociones, sino un corazón sencillo, humilde y obediente a Su Palabra, un corazón rendido a Su Presencia, que busca Su rostro en intimidad."

Ahora, para lograr esta intimidad, en la disciplina de nuestra vida de oración personal necesitamos enfocarnos más en la relación con Dios que en la oración misma; y enfocarnos más en cuán regular es nuestro tiempo con Dios que en la cantidad de tiempo que pasamos con Él (aunque esto también es básico).

Si desde el principio enseñáramos a los nuevos discípulos a ver la oración más como una relación que una fórmula o práctica religiosa el proceso de intmidad sería más fácil y más rápido alcanzar.  Pero lamentablemente invertimos demasiado tiempo en enseñarles la "oración correcta", con las "palabras correctas", con las "posturas correctas", que perdemos de vista que estamos enseñando o entrenando a nuestros discípulos a RELACIONARSE con Dios, de manera que logren el debido diálogo e intmidad con Él.  A esto me refiero cuando digo que necesitamos enfocarnos más en la relación con Dios que en lo que nosotros llamamos, enseñamos o creemos que es la oración.

Por ejemplo, un bebé no necesita ni siquiera saber hablar para lograr el abrazo más tierno de su madre o padre, sencillamente se entrega a ese abrazo, a esa intimidad, a esa relación que comunica de espíritu a espíritu, de corazón a corazón; y que le brinda, establece y desarrolla la seguridad de la relación entre sus padres y él.  Así mismo, debemos enseñar a nuestros nuevos discípulos sobre la oración.  Orar es intimidad con Dios, es sencillamente estar en Su Presencia, a veces sin palabras, pero con una sed profunda de Su amor y paz, una sed por Su Presencia, por querer estar con Él.

Creo que esto lo puedo perfectamente ilustrar con el relato de Elías en la cueva de Horeb ante la Presencia de Dios (1Reyes 19:8-14).  Primero vemos un diálogo, pero luego vemos una maniestación.  Una manifestación sin palabras, pero si lo suficientemente poderosa como para que Elías supiera lo que Dios le estaba hablando.

Por cierto, ¡este pasaje se ha malinterpretado y distorcionado tanto por aquellos pastores y predicadores que adversan sobre la libertad que debemos tener en la oración y adoración ante Dios!  Pues, por lo regular usan este pasaje para ir contra las manifestaciones emocionales que libre y normalmente podemos tener ante la presencia de Dios cuando oramos y adoramos ante Él.  ¡Y lo usan e interpretan violando totalmente el contexto bíblico de este pasaje!  Porque este pasaje nos habla es del trato íntimo y compasivo de Dios para con Su siervo, quien venía frustrado, cansado y enojado después que enfrentó a los falsos profetas de Baal y Asera, en el monte Carmelo (1Reyes 18:20-40).  Y vemos que Dios lejos de amonestar y condenar los pensamientos y emociones que llenaron el corazón de Elías, lo que hizo, de una manera firme pero amorosa, fue mostrarle Su corazón.  Le hizo ver y le enseñó, sin palabras, que "la ira del hombre no obra la justicia de Dios"  (Santiago 1:20), que Dios no estaba en los "poderosos vientos" de su celo, ni en "el terremoto" de su rabia, ni en "el fuego" de sus pasiones, que lo hizo degollar a los falsos profetas; que Él estaba en paz, bajo control y nada de eso alteraba el corazón dulce y apacible del corazón y la presencia de Dios (1Reyes 19:11-13).

La gran lección que todos necesitamos aprender en oración, en nuestra relación con Dios, es que a Dios no lo mueven nuestras grandes acciones ni nuestras emociones, sino un corazón sencillo, humilde y obediente a Su Palabra, un corazón rendido a Su Presencia, que busca Su rostro en intimidad.

¡No podemos meter a Dios dentro de nuestras "cajas religiosas" o ceremoniales!  Porque Dios es una Persona.  ¡Una Persona, por cierto, muy Poderosa!

Así que, en nuestro tiempo a solas con Dios debemos alcanzar:
  1. Intimidad, basada en nuestra relación personal
  2. Diálogo, por medio del Espíritu y Su Palabra
  3. Transformación, por estar en Su Presencia, por escuchar Su Voz y meditar en Su Palabra.
¡Por sobre todas las cosas, nosotros, los hijos de Dios, debemos aprender a tener comunión con Dios!  Pero para llegar a ese nivel primero necesitamos invertir tiempo ante Él y pagar el precio de nuestra santidad.  En este proceso vamos a experimentar una paradoja o lo que pudiera parecer una contradicción... Por un lado, vamos a aprender que Dios nos anhela, que Dios nos busca; pero por otro lado, Él no se deja encontrar tan fácilmente...  Se va a cumplir lo que Él le reveló al Predicador "Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan" (Proverbios 8:17).  Pero en no pocas ocasiones podemos percibir que se "esconde".  Y sí, especialmente Él se "esconde" de aquellos que se acercan a Él con motivaciones religiosas, deshonestas y falsas (Isaías 58:2-3).  Pero por otra parte, Él también se "esconde" para probar nuestra fe, obediencia y determinación de encontrarnos con Él, en intimidad.  ¡Recordemos que estamos hablando de la Persona más grande, poderosa y maravillosa del universo!  Pero que a su vez, es nuestro Padre, nuestro Maestro y aún Amigo.  ¡Y también estamos hablando de una Persona!  Una Persona que en ocasiones luce "predecible", pero la mayoría de las veces es "impredecible"...

¡No podemos meter a Dios dentro de nuestras "cajas religiosas" o ceremoniales!  Porque Dios es una Persona.  ¡Una Persona, por cierto, muy Poderosa!

Y como cualquier relación personal, la oración es impredecible, porque nos relacionamos con una Persona: Dios, quien es amoroso, sí; pero a veces y no pocas veces Él ve "cosas" y busca "cosas" en nuestra vida que nos sorprenden.  Y en muchas situaciones y ocasiones Él usará diferentes recursos y medios para revelar la condición de nuestro corazón, lo cual es lo más importante para Él (Deuteronomio 4:29; 6:5-6; Salmo 7:9-11; 52; Isaías 11:1-18; 58:1-12; Ezequiel 18:31; Jeremías 12:2; Joel 2:12-14; Mateo 5:8; 15:8; Romanos 12:1-2; Santiago 4:5-6).

A veces parece no importar si terminamos la oración en "el Nombre de Jesús"; si tenemos la postura correcta, aún de rodillas; si ceemos que tenemos "mucha fe", aún más grande que un grano de mostaza; si citamos la Palabra de Dios de memoria y fielmente o no... A veces, sentimos que nada de eso funciona, para conectarnos con Dios.  Pero apenas nos rendimos humilde y totalmente ante Él, reconociendo nuestra necesidad, y súbitamente nos inunda y nos rodea Su peso de gloria.  ¡Así es Él, qué les puedo decir!   No pocas veces se comporta como un padre juguetón y travieso con Sus hijos.  Tal como bien nosotros podemos hacerlo con los nuestros...

Recordemos: ¡Dios es una Persona!  Y jamás podremos encajonarlo en nuestros pensamientos o esquemas mentales ni religiosos, porque sencillamente Él es Poderoso más allá de nuestros pensamientos o capacidad de imaginación (Isaías 55:8-9).  Y eso, por un lado es lo que hace a la oración tan intrigante, y a su vez, tan fascinante.  Porque tenemos el privilegio y el honor de relacionarnos, de tener intimidad, con la Persona más maravillosa, poderosa y real del universo; porque nos ama, porque Él nos amó primero y nos creó para eso, para que disfrutemos de Su gloria, Su Presencia, en intimidad.

Así que, mientras avanzamos en nuestra comunión (compañerismo) con Dios necesitamos recordar que:
  1. Podemos tener comunión con Dios porque somos Sus hijos
  2. Podemos tener comunión con Dios por causa de la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.  Así que, necesitamos aprender e intentar orar en el Espíritu, con Él, bajo Su guía y poder.
  3. Podemos tener comunión con Dios porque esa relación está basada en la verdad y la realidad de lo que enseña la Palabra de Dios.
Vamos a disfrutar nuestro tiempo intimo con Dios, en oración.  Seamos flexibles, creativos y, por sobre todas las cosas, sensibles a Su Voz, para que avancemos hacia esa relación amorosa e intima que anhela nuestro corazón.

En la Tercera parte de este mensaje vamos a detenernos a estudiar un poco más nuestra relación íntima con Dios, por medio de la oración.  Si desea proseguir con la Tercera parte, haga click aquí.


ARTÍCULOS RELACIONADOS:
Nuestra Vida de Oración I
Nuestra Vida de Oración III
Nuestra Vida de Oración IV

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22 de noviembre de 2016

NUESTRA VIDA DE ORACION

NUESTRA VIDA DE ORACION
Una Guía para Nuestra Vida Personal de Oración
Por apóstol Dr. Daniel Guerrero


PRIMERA PARTE
La Oración: Nuestra Relación Personal con Dios

1. "Y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz." (Juan 10:4)

1.1. La Oración es diálogo con Dios.  Nosotros hablamos, pero también escuchamos.
"Cuarenta y seis veces en Éxodo desde el capítulo 3 al 14 se dice que el Señor le habló a Moisés.  Y solamente once veces Moisés le contesta al Señor.  En otras palabras, él escuchó las instrucciones de Dios y actuó conforme a ellas". John Robb, Transforma tu mundo por medio de la oración, p. 6.

Personalmente crecí en un contexto eclesiástico y teológico en el que, si bien es cierto, recibí un buen fundamento bíblico, se me enseñó en términos que "la oración es hablar con Dios", y eso es cierto, pero realmente es mucho más que hablar con Dios, la oración es dialogar con Dios también.

Pero en esas clases de iglesias, en las que yo crecí, no se cree que todo discípulo, todo hijo de Dios, puede realmente dialogar en oración con nuestro Padre celestial.  No tengo nada contra estas iglesias, de hecho, personalmente estoy muy agradecido por la enseñanza bíblica que yo recibí de muy buenos maestros y maestras entregados y comprometidos con el Señor en el ministerio de la enseñanza de la Biblia; pero con el tiempo me di cuenta que en cuanto a la oración y otros temas estas iglesias se quedan cortas, o su enseñanza no cubre todas las experiencias de las que narra y enseña la Biblia concerniente a la oración.

"¡La buena noticia es que sí podemos comunicarnos amplia, libre y profundamente con Dios!  Y sí podemos desarrollar una relación personal íntima con nuestro Señor, de Maestro a discípulo, de Padre a hijo, de Señor a siervo."

Para mí siempre ha sido ilógico, que los cristianos, los hijos de Dios, nos podamos relacionar y comunicar profunda y ampliamente con un sin de grupos de personas, cercanas y lejanas, y no lo podamos hacer con la Persona más real, poderosa y maravillosa: nuestro Dios.

A mí se me enseñó que sí podíamos hablar o comunicarnos con Dios, pero por medio de la oración, sin esperar un diálogo con Él y por medio de Su Palabra, de donde podemos aprender Su voluntad.  Pero igualmente esa enseñanza no tiene total sentido ni fundamento bíblico sólido.  Veamos...

En el Antiguo Testamento, desde Adán hasta Moisés transcurrieron más de 2.500 años, en los cuales los creyentes no tenían ni una sóla Escritura, no tenían la Biblia, y sin embargo aprendemos de las Sagradas Escrituras que Dios les hablaba, que ellos hablaban con Dios y podían dialogar con Él.  En el Nuevo Testamento, los primeros discípulos contaban con los Escritos del A.T., pero la mayoría del pueblo no sabía leer (eso incluía a la mayoría de los apóstoles de Jesucristo); entonces ¿cómo se relacionaban con el Señor?

Pasó el primer siglo y la mayoría de los libros del N.T. fueron escritos a mediados de ese siglo, pero no fue sino hasta el siglo IV d.C. que el liderazgo de la iglesia estableció finalmente cuáles eran los libros considerados normativos e inspirados por el Espíritu Santo; pero igualmente, ¡para esa época la inmensa mayoría de los discípulos no sabían leer!  ¡Es más, la mayoría de los pastores y líderes de la iglesia no sabían leer!  El movimiento masivo de alfabetización e impresión de la Biblia no sucedió sino para el siglo XV d.C.

¿Cómo hacían entonces los cristianos en los primeros 15 siglos, para comunicarse y relacionarse con Dios sin poder leer la Biblia?  Muy simple, por medio del Espíritu Santo, en oración.

Pero en estas iglesias, en las que yo crecí y fui formado y entrenado para servir a Dios, se nos enseña que no podemos escuchar la Voz de Dios, de la Persona más poderosa y gloriosa del universo, pero sí podemos escuchar la voz de cualquier persona y animal...  Se nos dice que Dios solamente nos habla por medio de Su Palabra, la Biblia, y que no debemos esperar que Él nos hable por medio de Su Espíritu Santo también.  ¡Eso es insólito, ilógico y no es bíblico!

Eso me hace recordar mi experiencia con mi esposa Cory.  Al inicio de nuestro noviazgo, en vista que yo estaba estudiando en una universidad a más de 300 kilómetros de distancia de donde ella vivía, entonces nos escribíamos cartas y de tiempo en tiempo yo la llamaba por teléfono. ¡Sí era la época que no había Internet ni redes sociales!  Pero imagínense que luego que nos casáramos, Cory viniera a mí y me pidiera que le dijera que la amo.  Según la teología de las iglesias que no creen que podemos escuchar la Voz de Dios, ella tendría que esperar una respuesta de mi parte, como algo así: Busca y lee en la primera y tercera carta que te envié, pues allí te dije que te amaba... ¿Ustedes creen que una mujer aceptará eso por respuesta, durante toda la vida de su matrimonio?  O si ella quiere preguntarme, para ponerse de acuerdo conmigo sobre los planes o proyectos que podríamos tener para el próximo año; y vengo yo y le respondo: -Mi amor, busca en la segunda, tercera y quinta carta, donde hablamos sobre nuestros sueños y proyectos... ¡Y eso, cada mes y cada año de nuestro matrimonio!  ¿Ustedes creen que una buena comunicación y relación matrimonial sobreviviría a ese tipo de "relación" eminentemente intelectual y racional?  ¡Claro que no!  Pues, eso es lo que algunos teólogos y pastores esperan de la "relación personal" de los hijos de Dios con nuestro Padre celestial y nuestro Señor Jesucristo...

¡La buena noticia es que sí podemos comunicarnos amplia, libre y profundamente con Dios!  Y sí podemos desarrollar una relación personal íntima con nuestro Señor, de Maestro a discípulo, de Padre a hijo, de Señor a siervo.

Esa es la clara enseñanza de Juan 10:4 citada arriba.  Las ovejas del Señor pueden "escuchar la Voz" de Su Pastor y por eso lo pueden seguir, obedecer y servir día a día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año.  Esa Voz nos viene sí por medio de la Palabra escrita, la Biblia, pero también por medio de la Palabra hablada, por el Espíritu Santo de Dios, en oración, meditación, adoración, o aún en nuestras tareas o actividades del día a día.  ¡No podemos limitar a la Persona más grande, poderosa y maravillosa del universo con una teología que no encuentra fundamento bíblico!

Así que, cuando nosotros hablamos de comunicación con Dios, en oración, nos referimos a una comunicación en DOS DIRECCIONES: de Él hacia nosotros (escuchamos) y de nosotros a Él (hablamos) y así sucesivamente.  ¿Por qué?  ¡Porque la Oración es DIÁLOGO entre Padre e hijo!

1.2. También necesitamos acercarnos a la Oracion como un tema integral y no solamente como un tema mental o espiritual.  Porque aunque nosotros usamos nuestra mente, nuestra comunicación con Dios es con todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo.  ¡Todo nuestro ser se puede comunicar con Dios!

"No te acerques más —le dijo Dios—. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa. Yo soy el Dios de tu padre. Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Al oír esto, Moisés se cubrió el rostro, pues tuvo miedo de mirar a Dios." (Éxodo 3:5-6)

Este relato, como muchos otros que podemos encontrar en la Biblia, desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, nos informa que todo nuestro ser se puede comunicar con Dios, que todo nuestro ser puede responder a la Voz y a la presencia de Dios, y no sólo nuestra mente o espíritu.  En ese relato, por ejemplo, vemos que DIOS LE HABLA A MOISÉS, le pide que haga una ACCIÓN física, que se quite las sandalias.  ¡No, no era una orden eminentemente mental (una ilusión) o espiritual (una visión)!  Era una orden que él escuchó con sus oidos, la procesó y entendió con su mnte, le afectó en su espíritu y alma, y luego él actuó, reaccionó físicamente y procedió a literalmente quitarse las sandalias.  Disculpen por tener que explicar todo el proceso, pero a veces necesitamos explicar hasta lo más obvio, para que se pueda lograr un mejor entendimiento.  Al Moisés responder positiva e integralmente a la orden de Dios entonces obtiene una experiencia mental-espiritual, recibe revelación de quién es este Ser, esta Persona, que le está hablando y que lo conoce.  Cuando la mente y el espíritu de Moisés reciben el impacto de la revelación que Dios hace de sí mismo, él reacciona emocionalmente con miedo, con temor, ¡y físicamente, cubriéndose el rostro, bajando los ojos, porque no quería "mirar" a Dios!  ¿Esa es una reacción integral sí o no?  O todo eso pasó solamente en la mente o el espíritu de Moisés?

Así por el estilo, yo podría enumerar muchísimos más ejemplos bíblicos, en los que podemos ver que la Oración involucra todo nuestro ser, que la Oración es un tema integral y no solamente mental o espíritual.

Y digo lo anterior, porque nuevamente debo remitirme a mi experiencia teológica-eclesiástica de mi niñez y juventud, en la que se me enseñó que una verdadera oración o adoración no involucra las emociones... Sí, se que otra vez suena insólito e ilógico, porque en la Biblia no hay ni una sóla vez ni un solo caso en el que los creyentes hayan tenido una experiencia y revelación con Dios que no hayan tenido que reaccionar emocionalmente o físicamente.  ¡Empezando por Adán y Eva, en Génesis, y terminando con el apóstol Juan, en Apocalipsis!

Cuando el Señor nos habla, se nos revela, nos toca, nos sana, no podemos sino reaccionar emocional y físicamente, que por lo regular se evidencia porque lloramos, reímos, gritamos, nos caemos, nos arrodillamos, nos desmayamos, nos postramos, nos estremecemos, etc., etc.

Personas que no creen que podemos reaccionar emocionalmente a la presencia del Señor es porque nunca han tenido una real y dramática experiencia o un encuentro con Dios, o sencillamente se ven forzados a reprimir sus mentes, pensamientos y emociones, para que concuerden con sus creencias o doctrinas, y no sean criticados o cuestionados por sus colegas, compañeros u otros miembros de sus iglesias.  ¡No puedo encontrar otra explicación!  Porque la Biblia enseña es otra cosa muy diferente...

Así que, decimos que Dios es Espíritu, y nosotros escuchamos de Él por medio de Su Espíritu y Su Palabra.  Por que, de hecho, el Espíritu y la Palabra SIEMPRE trabajan juntos, nunca separadamente.  De esa manera, Su Espíritu toca nuestro espíritu.  Nuestra alma (mente) recibe Su mensaje (escuchando, viendo, leyendo, percibiendo, etc).  Y nuestro cuerpo reacciona también a Su mensaje (llorando, riendo, temblando, cayendo, arrodillándose, etc.)  Todas estas acciones y reacciones, y aún más, pueden suceder cuando escuchamos a Dios en oración.

Ahora, cuando nosotros hablamos con Dios lo hacemos primero con nuestra alma (mente) y cuerpo.  Nos arrodillamos, sentamos o nos ponemos de pie o aún nos postramos en Su presencia.  Todas estas acciones suceden primero en nuestra alma (mente) y nuestro cuerpo las sigue o manifiesta,  Así que, así como está nuestro corazón, también lo está nuestro cuerpo.

Si nosotros tenemos orgullo en nuestro corazón será muy difícil para nosotros arrodillarnos delante de Dios. Este orgullo, la mayoría de las veces, proviene de nuestro coronocimiento, creencias y posiciones religiosas, filosóficas o culturales.  Pero, según la Biblia, lo natural, espiritual y físicamente, cuando nos encontramos ante la gloriosa y poderosa presencia de Dios es caer de rodillas o aún postrados totalmente ante Su presencia.

Sin embargo, por honor a la verdad, NO SIEMPRE, nuestra posición corporal no es tan importante para orar.  Porque podríamos comunicarnos con Dios mientras caminamos, mientras conoducimos nuestro carro, o estamos cocinando o aún estamos en la ducha bañándonos.  ¡Porque se trata de una relación personal continua regular y maravillosamente natural con Dios!

Así que, cuando nuestro espíritu (corazón) toca el Espíritu de Dios (o viceversa), todo nuestro ser también reacciona ante Él.  Cuando eso sucede, entonces podemos tener una comunicación con Dios de espíritu a Espíritu, de corazón a Corazón.  ¡Una comunicación y relación real y genuina con Dios!

Pero la mayoría del tiempo, nuestro problema es que no dedicamos suficiente tiempo para esperar por Dios, ante Dios.  Nosotros sencillamente le HABLAMOS, pero no lo ESCUCHAMOS a Él.  No permitimos que Él nos hable directamente, porque sencillamente o no lo creemos o no lo esperamos, o sencillamente no sabemos cómo hacerlo...

Algunas personas dicen que ellos "escuchan" a Dios leyendo Su Palabra, pero la mayoría de las veces eso no es verdad.  Eso es sólo una declaración religiosa, para encubrir nuestra real incredulidad.  Eso es sólo un ejercicio racional, es la mente natural rechazando lo espiritual, porque sencillamente no sabemos cómo relacionarnos espiritualmente con Dios.  Porque la verdad verdadera es que esas personas no están dispuestas ni tampoco creen que ellas puedan escuchar a Dios o sencillamente no saben ni han sido enseñadas o entrenadas a cómo hacerlo.

Pero, lea todos estos pasajes y vea cómo toda la Biblia sí enseña, desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, que podemos escuchar la Voz de Dios y relacionarnos o comunicarnos directamente con Él por medio de Su Espíritu:
Éxodo 15:26; 23:21; Deuteronomio8:11-20; 13:4; Salmo 37:7; 40:1; 95:7-8; 130; Cantares 2:8, 14; 5:2; Isaías 6:8; Jeremías 42:6; Lamentaciones 3:25-26.  Mateo 3:17; 17:5; Juan 5:37; 7:31; 9:7; 10:1, 3, 17; 18:37; Romanos 8:9, 15-17, 26-27; 1Corintios 2:10-14; Gálatas 4:6; Apocalipsis 1:10, 15; 3:20.

Así que, mientras aprendemos más de la Palabra de Dios aprenderemos más cómo reconocer Su Voz, por medio del Espíritu.  ¡Recuerda: Su Espíritu y Su Palabra SIEMPRE trabajan juntos!

2.  "Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas." (Juan 10:14-15)

¡Esta declaración del Maestro es poderosa, muy poderosa!

Porque nos enseña que nuestra comunicación y relación con Dios puede ser así como la que tiene el Padre con Su Hijo, y la del Hijo con el Padre. ¡WOW, esa es una declaración poderosa! ¿Cierto?

Prestemos atención a estos otros pasajes bíblicos:
"Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste."  (Juan 17:21)

"La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.  Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado." (Juan 17:22-23)

Nuestra relación personal con Dios, en oración, es posible por causa de nuestra unión espiritual con nuestro Señor Jesucristo, mediante Su Espíritu Santo en nosotros.  Esa unión espiritual nos conecta con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.  ¿Cómo no va a ser posible que podamos escuchar Su Voz y nos podamos comunicar real, abierta y continuamente con Dios si somos UNO con Él por medio de Su Espiritu Santo?

Eso explica por qué algunas personas conocen ACERCA de Dios, pero otras conocen DE Dios mismo.

Según la Biblia, hay diferentes clases de conocimientos (Ro. 1:19-22; 1Corintios 2:10-14):
  1. Conocimiento racional (mental, téorico que recibimos por leer o escuchar)
  2. Conocimiento práctico (experimental, que obtenemos por eventos, encuentros y circunstancias)
Nosotros tenemos que tener ambos tipos de conocimientos.  No sólo uno, sino ambos.  Porque cuando tenemos a ambos nuestra fe será fuerte; ya que, la fe incluye tanto la teoría como la experiencia.

"Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera
 [teoria], la convicción de lo que no se ve [practica]." (Hebreos 11:1)

Nuestra comunicación con Dios debe estar basada en un conocimiento íntimo de Dios.  ¡Ésta puede ser una relación íntima como la que el Padre tiene con el Hijo y el Hijo con el Padre!

Esta intimidad es posible por causa de la presencia del Espíritu Santo y Su Palabra morando en nosotros (Efesios 5:18-20; Colosenses 3:16).  Ambos, tanto el Espíritu como la Palabra nos acercan a la intimidad con el Padre y el Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Así que, la Biblia y el Espíritu nos enseñan que sí podemos escuchar la Voz de Dios; que sí podemos comunicarnos con Dios amplia y profundamente; que sí podemos desarrollar una relación íntima y personal con Dios; porque estamos unidos a Él, por medio de Su Espíritu Santo, que Él ha hecho morar en nuestros corazones.

En la Segunda parte de este mensaje vamos a detenernos a estudiar esta relación íntima con Dios, por medio de la oración y cómo funciona.  Si desea proseguir con la Segunda parte, haga click aquí.

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5 de noviembre de 2016

LA HISTORIA SOBRE LA PRE-TRIBLULACION

LA HISTORIA REAL SOBRE LA PRE-TRIBLULACION
Por pastor David A. Rice

Traducido por Daniel Guerrero

"Nuestra doctrina americana Pretribulacionista comenzó con un sacerdote jesuita, escribiendo bajo un seudónimo judío, que luego pasó al fundador de los hermanos Plymouth, en Inglaterra (John N. Derby), y después a Dwight L. Moody, un vendedor de zapatos, convertido en maestro de Escuela Dominical, que luego se convirtió en un evangelista." 
El libro "La venida del Mesías en Gloria y Majestad" por Ben Ezra, es el origen de la doctrina pretribulacionalista de la iglesia moderna. 'Ben Ezra' es el seudónimo de un sacerdote jesuita romano llamado Manuel (a veces Emmanuel) de Lacunza (1731 - 1801). El seudónimo puede haber sido una manera de hacer la obra aceptable para los lectores judíos y desviar la atención de la real condición religiosa del autor.

Aquí es donde se hace la primera mención de la doctrina, hecha fuera de unas pocas referencias oscuras de los escritos de los Padres de la Iglesia.  Antes de este libro, no hay ninguna referencia al Rapto antes de la Tribulación, en la literatura Católica o Protestante. Algunos objetarán que fue enseñado por los Padres de la Iglesia; pero Lacunza tomó una colección de menos de diez frases de algunos autores, y la desarrolló en un libro de seiscientas páginas.

El libro fue llevado a Inglaterra, donde fue traducido por un hombre llamado Edward Irving, un ministro de la Iglesia de Escocia.  La traducción de Irving que estaba disponible allí fue la que cayó en manos de John Nelson Darby, el fundador de una secta llamada los Hermanos de Plymouth.  Darby estaba fascinado por este libro, originalmente creyendo que fue escrito por un judío convertido.  Las ideas lo alcanzaron y consumieron su vida.  Su doctrina fue cambiada para siempre y sus escritos son la base del Dispensacionalismo y el Rapto Pretribulacionista en el mundo de habla inglesa.

En 1867, un evangelista americano con el nombre de Dwight L. Moody visitó Inglaterra. Fue allí donde conoció a Darby, quien a su vez le enseñó los fundamentos del Dispensacionalismo, incluyendo la idea de un Rapto Pretribulacionalista.  Moody regresó a casa, encantado con su recién descubierta doctrina.  No tenía los antecedentes teológicos para comprender todas las implicaciones del Dispensacionalismo, pero como evangelista, no podía dejar pasar las implicaciones de la enseñanza de que Jesús podría volver en cualquier momento.

Esta doctrina fue recogida casi instantáneamente por todos los evangelistas de América... La idea de que Jesús podía regresar en cualquier momento, asustó hasta el infierno de los pecadores que inundaron los altares y los platos de ofrenda.  Se trataba que estaban a punto de morir, habiendo perdido su valor en un mundo perdido, que de todos modos ya no creía en Dios.  Luego vinieron los libros y las películas de "Dejados Atrás".  De repente, el mundo cristiano estaba encendido con la doctrina de un rapto antes de la Gran tribulación...  Y de repente, todo el mundo miraba fijamente a las nubes... esperando...

Edición de 1812, Cádiz, España
Así que, nuestra doctrina americana Pretribulacionista comenzó con el libro de un sacerdote jesuita [publicado en castellano en 1811, en Isla de León, frente a Cádiz, y en inglés en Lóndres en 1827], escribiendo bajo un seudónimo judío, que luego pasó al fundador de los hermanos Plymouth, en Inglaterra (John N. Derby), y después a Dwight L. Moody, un vendedor de zapatos, convertido en maestro de Escuela Dominical, que luego se convertió en un evangelista (o sea, Moody no tenía entrenamiento bíblico formal). Y él fue quien lo introdujo en los Estados Unidos...  De allí, fue difundido por los graduados del Instituto Bíblico Moody a través de las iglesias evangélicas.  Luego fue recogido por los escritores de una serie de novelas de ficción que se convirtieron en películas... y el resto ya es historia.

Yo desafío a cualquiera a encontrar incluso las palabras "Rapto Pretribulacionalista" en los escritos de cualquier iglesia o denominación americana antes del regreso de Moody de Inglaterra...

Esta es la verdadera historia de la doctrina.  Puede ser investigada completamente.  He puesto a disposición aquí, el libro de seiscientas páginas más todo lo que comenzó todo... ¡Bienvenidos a la tierra Jesuita (en inglés: Jesuit-Land)!

Fuente original:
The real history of the pretribulational doctrine
La venida del Mesías en gloria y majestad 
Biografía de Manuel Lacunza

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