24 de julio de 2014

SEMBRAR, COSECHAR Y AVANZAR IV

SEMBRAR, COSECHAR Y AVANZAR IV
Por apóstol Dr. Daniel Guerrero


INTRODUCCIÓN
Bien, considero que ha quedado claro que hay suficiente base bíblica para considerar el dar u ofrendar a Dios según algunas cantidades que el Espíritu del Señor pueda guiarnos y dar según algunos tiempos y ocasiones durante nuestra vida.

Y quiero una vez más subrayar el principio que todo lo que vayamos a dar o hacer para el Señor debe proceder de un acto de fe, amor y obediencia, de lo contrario estaremos moviéndonos en nuestra propia carne o religiosidad, lo cual no tendrá ningún provecho para nosotros ni importancia para Dios.

El segundo principio es que todo lo que vayamos a dar o hacer para el Señor debe hacerse en libertad y con gozo, no por necesidad, ni con tristeza, ni mucho menos por medio de la manipulación emocional o religiosa.  Toda la enseñanza bíblica, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, es clara al apuntar que ¡Dios ama al dador alegre!

Y repito, todo tipo de ofrenda, sea al dar los diezmos, primicias o acción de gracias, debe ser una expresión de nuestro caminar con Dios, debe fundamentarse en nuestra continua y profunda relación con Dios, debe ser una expresión de fe, amor y obediencia.  Aún si usted es un discípulo de Jesucristo de trasfondo judío, y aún más, si es de trasfondo gentil.  Nada debe hacerse por la fuerza de la ley o la religión.  Nuestra vida cristiana debe ser una fundamentada en la fe y sustentada por la gracia de Dios, que es abundante para todos los que le aman.

Dicho esto, vayamos ahora a la dinámica de los ciclos de bendición, cómo operan y cómo podemos cosechar y avanzar en el reino de Dios, según Sus planes y diseños.  Vamos a ver, por lo menos, cuatro ciclos de bendición, que son muy claros en la Biblia; pero primero veamos los ciclos básicos de destrucción, que estoy seguro que ninguno de los lectores desea, pero que hacemos bien en conocer, para poderlos evitar...

EL CICLO DE DESTRUCCIÓN

Este ciclo de destrucción, que también guía a la muerte, tanto física como espiritual, y a la maldición, la vemos claramente expuesta en el libro de Jueces (2:16-19), en la conducta de Israel ante Dios, durante la época de los jueces:
"Jehová levantó jueces que los libraran de manos de quienes los despojaban;  pero tampoco oyeron a sus jueces, sino que fueron tras dioses ajenos, a los cuales adoraron. Se apartaron pronto del camino en que anduvieron sus padres, que obedecían a los mandamientos de Jehová; ellos no hicieron así.  Cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba con el juez, y los libraba de manos de los enemigos mientras vivía aquel juez; porque Jehová era movido a misericordia al oírlos gemir por causa de quienes los oprimían y afligían.  Pero acontecía que, al morir el juez, ellos volvían a corromperse, más aún que sus padres, siguiendo a dioses ajenos para servirlos e inclinándose delante de ellos. No se apartaban de sus obras ni de su obstinado camino."

Todas las naciones vecinas que el pueblo israelíta no expulsó y que el Señor le había mandado que hiciera,  les hacían guerra, o les saqueaban las cosechas o les oprimían de diferentes maneras; y el pueblo en vez de buscar a Dios y pedirle ayuda, se iban tras otros dioses y se apartaban del camino que sus padres siguieron, cuando obedecían los mandamientos del Señor.

Entonces Dios les enviaba jueces, hombres y mujeres llenos de Su Espíritu, para que los libraran del problema con sus enemigos.  Estos jueces, por lo regular guiaban al pueblo al arrepentimiento, a confesar sus pecados y volverse de todo corazón a Dios.  Él los escuchaba, los perdonaba y los libraba por medio de los jueces que Él les enviaba.

Pero después que el juez moría, entonces el pueblo se olvidaba de Dios y volvía a pecar contra Él y caía en idolatría e inmoralidad delante de Dios.

En ese ciclo también nosotros, ya sea a nivel personal o colectivo como iglesia, podemos incurrir, en situaciones parecidas.  Nos olvidamos pronto de las obras maravillosas del Señor a nuestro favor, nos deslizamos, nos desviamos y sufrimos pérdida, muerte y destrucción, lo cual nos impide que disfrutemos las bendiciones que Él ya tiene preparadas para nosotros; y no cosechamos ni avanzamos en Su reino.

Por lo regular hay una estrecha relación entre los ciclos de destrucción y los de incredulidad...

El ciclo de incredulidad bloquea la bendición, porque nuestra incredulidad resulta en falta de bendición, y la falta de bendición reafirma nuestra incredulidad.  Veamos un ejemplo clásico de este ciclo de incredulidad:
  • Un pastor no cree que los enfermos se puedan sanar
  • Y él enseña "según la Biblia", que los enfermos no se pueden sanar en nuestros días
  • Luego intenta orar por un enfermo de su iglesia ¡y no se sana!
  • La práctica y experiencia confirma su incredulidad: "los enfermos no se pueden sanar"
  • Y éste ciclo se repite una y otra vez, y se trasmite a toda la iglesia.
  • Resultados: la iglesia experimenta continua enfermedad, muerte y destrucción
Y la ecuación es muy sencilla: si tú crees, tú recibes.  Si no crees, entonces no recibes (Mr. 9:23; Mt. 19:26; Jn. 14:13-14).  ¡No puedes cosechar manzanas, si lo que siembras es paja!

Y para salir de estos ciclos necesitamos preguntarnos honesta y directamente:
¿Qué nos mantiene en estos ciclos?
¿Por qué no cosechamos según lo que Dios promete?
¿Por qué no avanzamos en el reino de nuestro Dios?

Veamos algunos patrones de pensamientos y conductas (en algunos casos, hábitos) más frecuentes, que mantienen a las personas dentro de ciclos de destrucción e incredulidad:
1.  Toda forma de seguridad
Los viejos ciclos son familiares, conocidos.  La gente, por lo regular, no quiere abandonar lo que los mantiene en ataduras (pobreza, drogas, licor, inmoralidad sexual, flojera… amigos, etc).

2.  Viejos hábitos
Necesitamos aprender nuevas formas de pensar y responder.  «Si siempre haces lo que siempre haces, tú solo obtendrás lo que siempre has tenido».

3.  Viejas formas de pensar
Necesitamos aprender nuevas formas de pensar, de entender, de hablar, de relacionarnos.  Pobreza no es sólo falta de dinero ¡Pobreza también puede ser una Mentalidad!

4.  Rechazo a arrepentirnos
Necesitamos renunciar y abandonar los viejos caminos, hábitos y conductas pecaminosas.  ¡Rompe y sal del viejo ciclo de pecado, juicio y destrucción!  ¡Arrepiéntete y clama a Dios!

Si observamos en la ilustración arriba, sobre el ciclo de incredulidad, ¡todo comienza con un pensamiento negativo que nos guía a una emoción negativa!  Estas emociones negativas pueden ser: TEMOR, IRA, RABIA, RENCOR, PASIÓN, CELOS, ENVIDIA, etc, etc.

Esos pensamientos y sus respectivas emociones negativas, nos llevan a articular pensamientos de incredulidad; que al nosotros dejarnos llevar por ellos desencadenan en desobediencia; que al nosotros persistir en esas conductas (que pueden convertirse en hábitos), nos llevan a un estado de rebelión constante a la voluntad de Dios y a Su señorío en nuestras vidas, y finalmente terminamos cosechando algún tipo de pérdida, enfermedad, muerte o destrucción.

Observe también que si no nos detenemos, los ciclos de incredulidad y destrucción se harán más rápidos, más grandes y más difíciles de detener o salir de ellos... ¡y aún pueden alcanzar a nuestras generaciones! (Éx. 34:6-7; compare con Dt. 7:6-10).

Veamos ahora los cuatro ciclos básicos de bendición que Dios tiene para Sus hijos e hijas:

CICLO DE BENDICIÓN DIARIA DEL REINO
Comencemos con el primer ciclo básico, que se fundamenta en nuestra relación diaria con Dios, por medio de Su Espíritu y Su Palabra, lo cual nos conduce a avanzar constantemente en Su reino, por medio del crecimiento mental, emocional, físico y social (Lc. 2:40, 52; 3Jn. 1:2).

Esta relación espiritual se sostiene por medio de buenos pensamientos y sentimientos, basados en la Palabra de Dios (Sal. 1:2-3; Ro. 12:1-2; Fil. 4:8-9).  Nuestra relación con Dios, que es una relación de amor, se basa en nuestro conocimiento de Su Palabra, en la comunión con Su Espíritu y en nuestra intimidad con nuestro amado Maestro.  ¡Eso es lo que genera nuestra confianza en Dios!  Y nuestra confianza en Dios nos lleva a obedecerle, sabiendo que Su voluntad siempre es buena, agradable y perfecta, que Sus planes SIEMPRE son mejores, perfectos y están basados en Su amor por nosotros.  ¡Eso nos da confianza y seguridad! (Lc. 1:26-28: Fil. 1:21-26; 4:12-13).

Esta relación espiritual, que si bien es cierto es una relación de amor, también es una relación laboral.  Me explico, somos hijos de Dios, nuestro Padre celestial nos ama; pero también como hijos de Dios, el Padre y nuestro SEÑOR Jesucristo esperan y demandan nuestra obediencia, nuestra sujeción a Su voluntad.  ¡Pero primero viene el amor!  Porque sabemos que Él nos ama y quiere siempre lo mejor para nosotros, entonces nosotros confiada y libremente nos sujetamos a Su voluntad, a Su señorío en nuestras vidas, por lo cual cosecharemos la bendición y el favor de Dios, que se manifiesta en salud, en cosecha, en ganancia, en crecimiento, en vida y vida en abundancia.  ¡Es decir, un hijo de Dios ama, pero también sirve! (Jn. 15:5-10).

¡Todos los demás ciclos de bendición se basan en este ciclo básico DIARIO de bendición!  Que como todo ciclo, en la medida que continuamos y permanecemos en él, igualmente experimentaremos mayor rapidez, velocidad y facilidad en el crecimiento e incremento de nuestras bendiciones.

CICLO DE BENDICIÓN SEMANAL EN EL REINO
Este ciclo, que es ignorado por muchos cristianos, es también muy básico, y está fundamentado en el ciclo de creación de Dios registrado en Génesis 1:1-2:3.  Dios creó los cielos, la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay en seis (6) días y al séptimo (7) día DESCANSÓ, por lo cual bendijo y santificó ese día.  Eso está registrado en el principio de la Biblia, en Génesis; y al final de la misma, en Apocalipsis,  Dios nos revela que Él mismo descenderá del cielo para morar con Su pueblo y disfrutemos del REPOSO eterno con Él ( Is. 66:22-23; Ap. 21:1-7; Heb. 4:1-11).

Entiendo que aquí algunos tienen problemas para entender el principio espiritual sobre la importancia del reposo, especialmente el reposo de Dios.  Y esto se debe a un acercamiento eminentemente racional a las Sagradas Escrituras por una parte, y religioso por otra parte, por lo cual podremos observar dos posiciones clásicas antagónicas:
1.  Los cristianos gentiles que niegan rotundamente la necesidad de guardar el día de reposo, según lo establecido claramente por Dios en Génesis 2:1-3 y en Éxodo 20:8-11, porque (según ellos) "ya no estamos bajo la Ley", sino bajo la gracia.  Y yo pregunto: ¿La gracia nos permite desobedecer y violar las Escrituras?  ¿Realmente la gracia de Dios nos permite violar la misma Palabra de Dios?  Creo que necesitamos estudiar bien las Escrituras, porque el Señor no se puede contradecir así mismo...

2.  Los cristianos judíos que afirman y reafirman la necesidad de guardar el día de reposo, porque según ellos "seguimos bajo la Ley" de nuestros padres.  No hablo de los judío-mesiánicos de trasfondo gentil, porque como lo he dicho en otras oportunidades, considero a este grupo de personas una aberración religiosa... ¡Ningún discípulo gentil necesita "hacerse judío" (con todo lo que eso pueda implicar), para tener una mejor relación con nuestro Señor y Dios.  Sí considero que un discípulo de Jesucristo de trasfondo judío tiene derecho legal y espiritual para decidir guardar el día sábado como su día de reposo, por causa de la herencia espiritual, cultural e histórica de la cual forma parte; pero sin caer en religiosidad ni mucho menos legalismo de querer obligar o forzar a otros discípulos judíos o gentiles a hacerlo.  ¡A paz y a libertad nos llamó nuestro Señor!

No voy a detenerme en este punto de enseñanza, porque creo que está muy bien y harto explicado por el apóstol Pablo; y no voy a competir con la profundidad de Sus enseñanzas ni con su conocimiento de las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento.

3.  Pero sí considero que hay una tercera opción, y es la que personalmente creo y practico: todos los cristianos, sean de trasfondo judío o gentil, debemos obedecer el principio bíblico y la ley espiritual de descansar, por lo menos, una vez a la semana.
3.1. Para el que es judío-mesiánico (de verdad verdad), por causa del pacto de Dios con Israel y sus padres, ese día será el sábado, entendiendo desde el atardecer del viernes al atardecer del sábado.  Su fe y obediencia a Dios, heredada de los padres y sostenida por gracia, les guía a guardar ese día en particular.
3.2. Para el discípulo de trasfondo gentil (libre de verdad verdad), por causa de la gracia y la libertad que tiene en Cristo Jesús, y por medio de la ley del Espíritu que le guía, ese día puede ser cualquier día de la semana, siempre y cuando cumpla con el principio: seis días de trabajo y un día de reposo.  Su fe y libertad en Cristo los guía a guardar ya sea el sábado o el domingo, o cualquier otro día de la semana, conforme a lo establecido por nuestro Señor y los apóstoles.

¡Pero definitivamente, sí debemos guardar y establecer (según sea nuestro caso u origen) un día de descanso en la semana.  No guardar un día de descanso en la semana viola el expreso mandato dado por Dios desde la creación hasta el final de los tiempos.  ¡Pero eso tampoco significa que debemos ser legalistas en el tema!

¿Por qué Dios bendice este ciclo semanal?
1.  Porque expresa nuestro conocimiento y entendimiento de la voluntad de Dios
2.  Porque expresa nuestra fe, amor y obediencia a la voluntad de Dios
3.  Porque expresa nuestra total sujeción a la Palabra de Dios
4.  Porque expresa buena mayordomía de nuestros cuerpos, que son templos del Espíritu
5.  Porque expresa amor propio a nuestros cuerpos, de la misma manera como Dios nos ama

¿Cuales son las promesas y bendiciones que Dios da a Su pueblo al guardar el día de reposo?
1.  Nos deleitaremos en la presencia de Dios (Is. 58:13-14)
2.  Seremos promovidos y avanzaremos en el reino de Dios (Is. 58:14)
3.  Seremos provistos de todo bien y según el favor de Dios (Is. 58:14)
4.  Heredaremos la tierra que el Señor nos dio (Lv. 26:34-35; 2Cró. 36:20-21)
5.  Seremos bendecidos de todo el bien del Señor (Heb. 4:9-11)
6.  Anunciamos el cumplimiento futuro del Reposo de Dios (Heb. 4:1-9; Ap. 21:1-4)
7.  Nos deleitamos en la gloria del Señor del reposo (Mt. 12:1-8; Lc. 13:10-16; Jn. 5:5-17)

Después del ciclo diario de descanso, quizás la otra pieza clave dentro de los ciclos de tiempo de bendición de Dios está este ciclo semanal, expresado en un día de descanso semanal.

CICLO DE BENDICIÓN MENSUAL EN EL REINO
El ciclo de bendición mensual se expresa a través de la Fiesta mensual de las Primicias, que acontece cada comienzo de mes, en la fase de la luna nueva.  Este ciclo de bendición lo vemos expuesto en Proverbios 3:5-10, que dice:
"Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas.
No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos.
Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto."

¿Cómo funciona la redención, según Proverbios 3:5-10?
Confías en Dios, sin apoyarte en tu propia sabiduría ni fuerzas; y si le sigues, desarrollando una estrecha comunión con Él, por medio de Su Espíritu y Su Palabra; entonces, Él enderezará tu vida.  Tu obediencia y tu fiel caminar con Él, Tu honra a Dios, mediante tus ofrendas y primicias, producirán restauración y restitución en tu vida.  Y Él sanará todo tu ser, en cada área de tu vida.  ¡Podrás experimentar el favor y el bien del Señor!  Y te llenará con abundancia y con vino nuevo, es decir con gozo.

Presta atención al lugar que tiene el honrar a Dios con nuestros bienes y con los primeros frutos (Primicias) de TODOS nuestros frutos o cosechas.  ¡Dios nos honra y nos bendice, cuando honramos lo que Él honra!

Honramos a Dios cuando nos consagramos por completo a Él, y entendemos y reconocemos que todo lo que somos y tenemos es de Él y para Él; y cuando lo honramos con las primicias o primeros frutos de nuestras cosechas declaramos que Él es el primero en nuestras vidas y por eso le damos a Él primero.  Y al hacerlo cada comienzo de mes, entramos en una esfera poderosa de bendición, que nos asegura una cosecha continua mensual y anual, que si nos mantenemos haciéndolo, aumentará en rapidez, tamaño y alcance, lo cual nos llevará a ciclos de mayor incremento y multiplicación.

¿Cómo funciona la bendición mensual de las Primicias?
El principio de la ofrenda de Primicias se encuentra en Romanos 11:16, "Si santificas la primera parte, santificas y bendices todo el resto"; así que, que si santificamos el comienzo del mes, todo el resto del mes también será santificado y bendecido.

Al entrar en el tiempo de la ofrenda de las Primicias mensuales, nos alineamos a la voluntad de Dios, ya que lo honramos, lo entronamos como el Señor y Principal en nuestras vidas, y nos ubicamos en el ciclo de Su bendición, bajo la esfera de Su reino y Su tiempo.

Y al entrar en el tiempo de la ofrenda de las Primicias, que cae al principio de cada mes, durante la fase de la luna nueva, santificamos el mes entero y nos posicionamos para recibir la bendición del resto del mes. Y si tu santificas el principio del mes, todo el mes será bendecido. En ese tiempo oportuno (kairós) también honramos, alabamos y agradecemos a Dios por las bendiciones del mes anterior. Y honrando a Dios con las Primicias de cada mes, continuarás en el ciclo continuo de bendición que Dios tiene para ti o, como vimos arriba, podrás también revertir la perdida que tuviste en una temporada pasada.

Así que, al ofrendar con pleno conocimiento y entendimiento del valor y significado de las Primicias, nos preparamos para la cosecha mensual que Dios tiene preparada para nosotros y para seguir avanzando en el reino del Señor con mayor crecimiento e incremento.  Y esto lo hacemos según las promesas dadas por Dios:
1.  En el Salmo 1:2-3 dice: "Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará."
2.  En Juan 15:7-8 dice: "Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho.  En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos."
3.  Y en Apocalipsis 22:2-3 dice: "En medio de la calle de la ciudad y a uno y otro lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición."

Dios nos ve como árboles, de hecho Él llama a Su pueblo Su viña, Su plantío (Is. 61:1-3; 5:1-7; Jn. 15:1-8).  Y Él espera que demos fruto; Él espera que en Cristo, el árbol de la vida, nosotros también debemos fruto cada mes, o sea doce frutos, y demos fruto a Su tiempo.  

Cuando nosotros damos la ofrenda de Primicias, con esa fe, conocimiento y entendimiento (revelación), entonces entramos al favor de Dios, nos alineamos al plan de Dios y nos preparamos para cosechar y avanzar en todo lo que Él quiera para nosotros.  ¡Y comenzamos a cosechar y avanzar en Su reino, ya no solo diariamente y semanalmente, sino también mensualmente!

CICLO DE BENDICIÓN ANUAL DE LAS FIESTAS
¡Pero nuestro Padre celestial tiene más!  Él también quiere bendecirnos cada año y para ello nos ha dejado también el diseño del ciclo de bendición anual por medio de Sus Fiestas.


El otro ciclo básico de bendición que Dios nos ha dejado a Sus hijos es el expresado en el diseño de las Fiestas Solemnes, también conocidas en la Biblia, como "los días señalados" o citas en los que Dios desea reunirse con Su pueblo para bendecirnos y capacitarnos, para cada vez mayores nuevos ciclos de crecimiento, incremento y multiplicación.

Aunque es un ciclo anual, se da dentro de un período de siete (7) meses, que al igual que el ciclo semanal, expresa la voluntad y el plan perfecto de Dios para Su pueblo.  Y en esos siete (7) meses se celebran siete (7) Fiestas, en los que se esperan tres (3) cosechas, con las cuales honraremos y glorificaremos el Nombre del Señor.

En este ciclo se expresa y manifiesta ampliamente el Shalom de Dios, es decir, el pleno deseo de Dios de bendecir integralmente a Su pueblo, de manera que crezcamos en todas las áreas de nuestra vida, y evidenciemos que somos un pueblo fructífero, que vivimos para la gloria y alabanza de Su Nombre.

En la ilustración arriba del "Calendario hebreo" podemos ver las principales Fiestas solemnes y los tiempos y ocasiones de su celebración.  Veamos brevemente su significado y desarrollo:
1.  La Fiesta de la Pascua, celebra nuestra liberación y expresa el deseo de Dios que vivamos en libertad total, en todas y en cada área de nuestras vidas.
2.  La Fiesta de los Panes sin levadura, celebra nuestra purificación y expresa el deseo de Dios que vivamos en santidad, en pureza de corazón, mente y cuerpo para la gloria de Su Nombre.
3.  La Fiesta de las Primicias, celebra la preeminencia de Dios en nuestras vidas y expresa el deseo de Dios de ser el Primero en nuestras vidas y ser nuestro Primer amor.
4.  La Fiesta de Pentecostés, celebra la provisión de Dios y expresa el deseo de Dios de bendecirnos, primeramente con Su Palabra, con Su Espíritu y con todo bien y con todos Sus favores y bendiciones.
5.  La Fiesta de las Trompetas, celebra la presencia e importancia de la Voz de Dios en nuestras vidas y expresa el deseo de Dios que escuchemos Su Voz, que prestemos atención a Su voluntad y dirección.
6.  La Fiesta del Perdón, celebra el perdón de Dios para Su pueblo, de manera que comencemos otro ciclo en libertad, sin culpa ni vergüenza; y expresa Su deseo que, así como fuimos perdonados, nosotros también perdonemos a todos aquellos que nos ofenden.
7.  La Fiesta de Tabernáculos, celebra la presencia gloriosa de Dios en medio de Su pueblo y expresa el eterno deseo de Dios de morar en medio de Su pueblo y regocijarse en medio de la alabanza gozosa de Su hijos e hijas.

Como podemos ver, estas siete (7) Fiestas abarcan la dimensión espiritual, emocional, física y social de cada creyente y del pueblo de Dios.  Y nos trazan una ruta, un circuito anual por medio del cual podemos medir y evaluar nuestro crecimiento y avance en cada una de esas áreas y aspectos de nuestra relación con Dios y con nuestros semejantes.

Y en medio de este ciclo de siete Fiestas se esperaba que el pueblo de Dios recogiera tres grandes cosechas:
1.  La cosecha de la cebada, en el mes de Nisán (entre Pascua y Primicias)
2.  La cosecha del trigo, en el mes de Siván (en Pentecostés)
3.  Y la cosecha del fruto de los árboles, en el mes de Tishri (en Tabernáculos)

Estas tres cosechas apuntan al deseo de Dios que Su pueblo sea gente fructífera, que demos mucho fruto y glorifiquemos así al Padre y a nuestro Señor Jesucristo.  Él desea glorificarse por medio de la bendición que Él dispensa sobre Su pueblo, de manera que las naciones puedan darse cuenta de la bondad y la grandeza de nuestro Dios.

En cada una de estas Fiestas y a través de todo este ciclo anual de Fiestas, Dios dispensa Su favor, bendición y provisión para Su pueblo.  Y Él quiere que nosotros entremos en esa esfera de bendición libremente, no por la fuerza de la ley ni de la religiosidad; sino por medio de la revelación, que se expresa en fe activa, en amor sacrificial y obediencia radical a Él (Fil. 2:3-4; Col. 2:16-17; 2Cor. 9:6-8).

CONCLUSIÓN:
Así que, hemos podido ver que nuestro buen Padre celestial ha diseñado todo un Plan maravilloso para bendecir a Sus hijos diariamente, semanalmente, mensualmente y anualmente, por el resto de nuestras vidas y por todas nuestras generaciones.

En cada uno de estos ciclos Él desea que aprendamos a dar, que aprendamos a sembrar en Su reino y en nuestra relación con Él y con nuestros semejantes, para que también podamos cosechar en cada ciclo, en todo tiempo y en todas las áreas de nuestras vidas.

¡El deseo y voluntad de Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, es que Sus hijos, Su pueblo, aprendamos a sembrar, cosechar y avanzar en Su reino!  Él desea que Sus hijos sean bendecidos, para que en Su Nombre, en Su poder y con Su gloria podamos bendecir a todas las familias de la tierra; pero para ello necesitamos aprender a sembrar, según Su tiempo, según Su voluntad y de acuerdo a los ciclos de bendición, que Él nos ha dejado en Su Palabra.


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