3 de enero de 2014

EL GRAN ENGAÑO III

EL GRAN ENGAÑO III
Crónicas de intercesión profética en los Estados Unidos de América

La profecía de las Setentas semanas de Daniel
Por apóstol Dr. Daniel Guerrero


INTRODUCCIÓN











Como vimos en la Segunda parte de este estudio sobre El Gran engaño, nuestro Señor Jesucristo citó la Profecía de las Setentas semanas del profeta Daniel, cuando Él estaba hablando que, dos de las señales del fin de los tiempos será el auge de falsos cristos y falsos profetas.

Y en vista que esta profecía es clave para entender lo que el Maestro le quiso enseñar a Sus discípulos y para entender otras señales y profecías del Nuevo Testamento, vamos a detenernos, en esta Tercera parte, en su análisis.

La Profecía de las Setentas semanas se encuentra en el libro del profeta Daniel (9:20-27) y dice de la siguiente manera:
»”Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, poner fin al pecado y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, sellar la visión y la profecía y ungir al Santo de los santos.
Sabe, pues, y entiende que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas; se volverán a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.  Después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y nada ya le quedará.
El pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario, su final llegará como una inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.
Por otra semana más confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después, con la muchedumbre de las abominaciones, vendrá el desolador, hasta que venga la consumación y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.”»


Ahora analicemos esta profecía, que es dada por el Maestro como una de las Señales del fin de los tiempos...

La Destrucción del templo 

El contexto es la profecía de las setenta semanas dada al profeta Daniel (Dn. 9:20-27). El profeta se encontraba exiliado en Babilonia, el imperio gentil de turno que destruyó el templo y la ciudad. Pero antes que todo esto aconteciera, como suele suceder, Dios envió a un profeta, Jeremías, quien durante cuarenta años profetizó sobre la caída y destrucción de Jerusalén y el templo. Por supuesto, nadie le creyó y el profeta Jeremías sufrió encarcelamiento y mucha tribulación por compartir la Palabra que Dios le había dado. Pero al final, su mensaje resultó ser cierto y Babilonia destruyó a la ciudad y al templo en el 587 a.C. Pero en sus escritos Jeremías compartió una profecía, que a los 70 años de cautiverio y servicio en Babilonia, Dios liberaría a Su pueblo de tal opresión y regresarían a la tierra que El les prometió a sus padres (Jer. 25:11).

Daniel recibió la profecía de las setenta semanas, cuando él estaba confesando los pecados de su pueblo e intercediendo para que Dios cumpliera la palabra que El envió a través de su siervo Jeremías (Dn. 9:1-19). Lo curioso aquí es que el ángel del Señor le dice que su oración fue oída, pero que ¡después de los 70 años vienen setenta semanas más! Y serán también setenta semanas de destrucción sobre su pueblo y la santa ciudad. Recomiendo al lector que tome el tiempo necesario para leer estas profecías, tanto la de Jeremías como la de Daniel, para que tenga un entendimiento claro del tema.

Pero aquí nos encontramos con una dificultad técnica: aunque ambas profecías se relacionan, no se pueden interpretar de igual manera, pues debemos tomar en cuenta el estilo literario de estos dos libros. El libro de Jeremías tiene un estilo literario que se conoce como discurso profético y el libro de Daniel entra en lo que se llama el género apocalíptico. Por eso la profecía de Jeremías es más fácil de entender y por lo tanto interpretar; no así la de Daniel, que en muchos momentos está llena de símbolos, signos y figuras no-naturales, y apunta a una salvación no sólo nacional (judía), pero cósmica, universal. Dicho lo anterior, prosigamos con esta importante señal dentro de los eventos del fin.

El ángel le dice al profeta Daniel: 
“setenta semanas están determinadas (decretadas según la NVI) sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos”

Es decir al cumplirse esta profecía estas seis cosas tienen que pasar.  Pero realmente no son seis cosas, si seguimos el estilo literario judío de “repetición”, realmente tenemos tres cosas que van a pasar:
  • terminar la prevaricación – poner fin al pecado.
  • expiar la iniquidad – traer la justicia perdurable.
  • sellar la visión y la profecía – ungir al Santo de los santos.
Esto además concuerda con el estilo en que la profecía es entregada, o sea en tres partes (ver también Daniel 12:7,11,12)

1ra. Parte: Se da la orden para restaurar y edificar Jerusalén.

2da. Parte: Se reconstruye la ciudad y el templo en tiempos angustiosos hasta que se presenta al Mesías Príncipe

3era. Parte: Se le quita la vida al Mesías y luego el pueblo de un príncipe destruirá la ciudad y el santuario.

Y concuerda con los tres tiempos apocalípticos dados en Daniel y Apocalipsis (“un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo”, Dn. 7:25; 12:7; Ap. 12:14). Y los tres ciclos de juicios dados en la revelación de Juan: Sellos, Trompetas y Copas (Ap. 6:1-16:21).

La señal dada por el Maestro sobre la destrucción del templo y los tiempos del fin está enmarcada en esta profecía de las setenta semanas, por lo cual tenemos que leer y entenderla para poder continuar. Primero para poder entender el cumplimiento de esta profecía tenemos que empezar aclarando que el tiempo o calendario bíblico, era lunar y no solar, como el que usamos actualmente. Las setentas semanas, literalmente en hebreo son setenta sietes, indicando que cada día representa un año; es decir una semana es equivalente a 7 años. En el calendario judío un año constaba de 360 días (de 12 meses, de 30 días cada uno).  Siguiendo este esquema, veamos el cumplimiento de esta profecía, con las especificaciones que nos da el profeta Daniel:

1era. Parte: Orden de restaurar y edificar Jerusalén por el rey Artajerjes (Neh. 2:1-8): Según los cálculos sería en el mes de Nisán del año 444 antes de Cristo.

2da. Parte: Se presenta al Mesías Príncipe, lo cual creo que sucede en la entrada triunfal de Jesús, cuando es proclamado como el rey-mesías prometido (Zac. 9:9); es decir en el mes de Nisán del año 33 después de Cristo.

3era. Parte: Se le quita la vida al Mesías, lo cual sucedió en el
Nisán del año 33 después de Cristo. Y la destrucción del templo ocurrió luego, por medio de los ejércitos romanos, liderizados por Tito, hijo del emperador (un príncipe), en el año 70 después de Cristo.

Es decir que se cumplieron exactamente 483 años, tal como lo profetizó Daniel. El reto lo tenemos es con la última semana (7 años), pues es claro que el cumplimiento de los eventos profetizados no se cumplieron en 7 años literales, sino en aproximadamente 70 años (70 años de Jeremías, 69 semanas y 70 años de Daniel). Aquí los intérpretes bíblicos se dividen y algunos proponen un paréntesis entre la semana 69 y la semana 70. Otros creemos que hubo un cumplimiento literal. En ambos grupos el desafío de la última semana permanece. Pero cabe resaltar aquí que, tanto la venida y muerte del Mesías como la destrucción del templo, ocurren en un período de 70 años. De hecho la muerte del Mesías ocurre prácticamente a la mitad de esos 70 años (33 d.C.); el pacto, el nuevo pacto en Cristo (Ver Lucas 22:20; Hechos 2:44-47) es confirmado, mediante la predicación de los apóstoles y la iglesia en Jerusalén; y luego viene la destrucción del templo y la ciudad. Y también se cumple la profecía dada por el Maestro que esa generación no pasaría sin que los eventos que él anunciaba sucedieran (Mt. 24:34), lo cual fue cierto porque pasaron menos de 40 años, antes de la destrucción del templo.

Personalmente no veo ningún paréntesis o separación. Veo sí el cumplimiento literal de los 70 años de Jeremías, los 483 años de la profecía de Daniel (69 sietes o semanas) y los eventos profetizados de la última semana (en 70 años), que permanece como un desafío hermenéutico, profético. Por esa razón, en vista que suele pasar que una profecía tiene más de un cumplimiento, dejo el espacio para que esta profecía sea una señal, un tipo, de lo que pudiera suceder al final de los últimos días antes de la venida del Señor (Ver Dan. 12:4-9). También estoy abierto a un doble cumplimiento para el término ‘generación’, además del dado arriba (grupo de personas que viven en un período de 40 años); ya que generación también puede significar “raza”, descendientes de alguien (Gen. 17:7,9; Mt. 1:17). Esto nos puede indicar que los descendientes (raza) de Jacob, en este caso los judíos (Jer. 30:7; Dn. 12:1), permanecerán hasta el fin y la venida del Mesías Príncipe.

Pero le recuerdo al lector que estamos en el contexto de la declaración de Jesús sobre la destrucción del templo, en la cual el Maestro les da instrucciones específicas a sus discípulos sobre qué hacer cuando aquel día venga. Él les dice: “cuando vean en el lugar santo la abominación desoladora de que habló Daniel (el que lee, entienda) entonces… huyan” (Mt. 24:15). Ese día ya pasó y se cumplió en el año 70 d.C., tal como lo profetizó Daniel y el mismo Maestro. 

Además de los tiempos establecidos para el cumplimiento de las setenta semanas de Daniel, también podemos ver que se cumplieron los eventos que fueron predichos. Repasemos:

1. Terminar la prevaricación y poner fin al pecado. Con el sacrificio del Mesías se puso fin al pecado de prevaricación (incumplimiento de los deberes) del pueblo judío contra la ley de Dios. Es decir, quedaba abolida la exigencia del cumplimiento de la ley dada por Dios a Moisés, para ser justificados ante El. Ya la voluntad de Dios no es el cumplimiento de la ley mosaica, sino que aceptemos el sacrificio hecho en la cruz del Calvario y creamos en la obra redentora del Hijo de Dios, el Mesías prometido (Jn. 6: 28-48; 14: 6-7/Compare con las enseñanzas del apóstol Pablo Rom. 3: 9-31; 6: 1-14; Gál. 3: 19-4: 7; Ef. 2: 1-22).

2. Expiar la iniquidad y traer la justicia perdurable. Con su sacrificio sustitutivo en la cruz, el Señor, como un cordero para el holocausto (Ex. 29:38-42; Jn. 1:29, Is. 53:1-12), expió los pecados de toda la humanidad y estableció la justicia perdurable, la cual ninguno de nosotros, como seres humanos caídos podríamos lograr. Es por esa razón que las cortinas del lugar santísimo se rompieron y hubo un gran temblor (Mat. 27:50-51; Mar. 15:37-38): el camino nuevo a Dios había sido abierto, por medio de la justicia de Aquel, que nunca cometió pecado. El sacrificio del justo por los injustos (Vea Rom. 5:1-11; Col. 2:8-23; Heb. 9:23-10: 22).

3. Sellar la visión y la profecía y ungir al Santo de los santos.
La profecía de las setenta semanas de Daniel marca cierta culminación de un período profético, el cual como dijimos llega hasta el año 70 d.C. Después de tan dramático y traumático evento, como fue la total destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén, los judíos perdieron su tierra, su patria, y fueron esparcidos por todas las naciones. Para la iglesia igualmente fue un tiempo muy difícil que continuó con ciclos de persecución y de crisis. Es en ese contexto de confusión, expectativa y persecución que el apóstol-profeta Juan recibe la Revelación de Jesucristo, el Apocalipsis, que después de los mensajes a las iglesias, comienza con la apertura de un libro con siete sellos (Ap. 5:1-6). Es decir, podríamos afirmar que Apocalipsis comienza donde termina Daniel (Dn 12:9). Y en la revelación que nos da Juan vemos claramente que la profecía estaba sellada y el Santo de los santos es ungido, como el Soberano de toda la creación, el León de Judá, para abrir los sellos de las profecías establecidas para el tiempo del fin. Sólo el Mesías, quien estaba sentado en el trono, pudo abrir los sellos y el libro (Ver Ap. 4:1-5:14).

Es decir, que podemos concluir que esta señal de la destrucción del Templo de Jerusalén ya se cumplió, pero que también debemos estar atentos al cumplimiento de otros eventos relacionados a la profecía de las setentas semanas dada al profeta Daniel.


Bien, este fue un breve estudio sobre la Profecía de las setentas semanas del profeta Daniel, para que el lector, leyendo la Biblia y conociendo un poco de historia, pueda captar que esta profecía ya tuvo un primer cumplimiento y que es muy probable que tenga un segundo cumplimiento al final de los tiempos, previo a la Segunda venida del Señor.

En la próxima entrega vamos a analizar otra señal, otra profecía, que también ha sido distorsionada por otros intereses contrarios al Evangelio del reino de Dios: La Gran tribulación.

Si desea continuar con la Cuarta entrega, haga click aquí.
O si desea leer la Primera entrega sobre el Gran engaño, haga click aquí.

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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay muchas discrepancias entre los tiempos mencionados en otras profecías, esto derivado de los cálculos erróneos que haces y de las malas interpretaciones que también haces.

Apóstol Dr. Daniel Guerrero dijo...

Mi objetivo ha sido dar opciones bíblicas alternas, a parte de la postura clásica dispensacionalista. Y el lector, estudiante de la Biblia, optará por la que considere más cercana y fiel a la enseñanza bíblica.
Así que, sigamos estudiando las Sagradas Escrituras y esperemos en Dios. Sólo el Señor en Su tiempo dirá quién está errado y quién no. Como dijera el apóstol Pablo, "en parte conocemos y en parte profetizamos".
Bendiciones!

Fabiola. México dijo...

Respetable Apóstol Dr. Daniel Guerrero.
Qué interesante postura nos hace favor de compartir.
Realmente no he podido dejar su lectura porque con su ágil redacción, va desvelando las cosas que siempre han estado ahí pero he visto sin mirar y he leído sin entender.
Mil gracias por su santa valentía y sea bendito por siempre.

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