27 de enero de 2014

EL GRAN ENGAÑO VII

EL GRAN ENGAÑO VII
Crónicas de intercesión profética en los Estados Unidos de América
Las Señales del Fin: Eventos en el cielo y en la tierra
Por apóstol Dr. Daniel Guerrero



INTRODUCCIÓN

Ya vimos en la Segunda parte que una de las principales Señales del Fin es el auge de los falsos cristos y los falsos profetas; en la Tercera parte, vimos la otra Señal importante como lo fue la destrucción del Templo de Jerusalén, que tal como el Maestro lo profetizó, aconteció en el año 70 d.C., enmarcada en el cumplimiento de la profecía de las Setentas semanas del profeta Daniel.  Profecía que, por su importancia, analizamos tanto en la Tercera como en la Quinta parte.  En la Cuarta parte analizamos las Señales y enseñanzas sobre la Gran tribulación y la destrucción y re-edificación del Templo de Jerusalén.  Y en la Sexta parte analizamos otras señales que el Maestro nos da, tales como el evento del Rapto y la parábola de la Higuera floreciente.

Ahora en esta Séptima parte, estudiaremos las Señales en los cielos y en la tierra, que el Maestro nos dejó, para que pudiéramos discernir cuán cerca estamos del tiempo del Fin.


Trastornos y señales en los cielos

El Maestro también nos dice que “después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas” (Mt. 24:29; Mr. 13:24-25; Lc. 21:25-26). Esta expresión apunta a lo descrito por José en su segundo sueño (Gén. 37:9-11), donde él describe a la familia de Jacob (Israel) como un sol, su padre; una luna, su madre; y estrellas (él y sus hermanos). Si hay tal relación, el Maestro estaría profetizando que después de la destrucción del templo, Jacob y su familia, es decir el pueblo de Israel, sufriría una terrible caída y sacudida. Lo cual efectivamente aconteció, ya que después del año 70 d.C. los judíos estuvieron errantes por todas las naciones hasta el año 1948 d.C. Es decir, esta oscuridad, tiniebla y penumbra pudieran referirse al Día del Señor, al castigo que los profetas señalaron contra Jacob, el pueblo de Dios y las naciones (Is. 5:25-30; 8:21-22; 13:9-11; 34: 1-4; Jer. 13:15-16; 23:12; Lam. 3:1-6; Joel 2:1-2,31; Amós 5:18-20; Sof. 1:14-15).

Por otra parte, en Apocalipsis también vemos, por medio de la apertura de los sellos, el sonido de las trompetas y el derramamiento de las copas de la ira de Dios, muchas señales en el cielo, que causarán gran destrucción sobre la tierra y la humanidad (Ap. 6:1-19:21). El profeta Daniel también nos da un cuadro apocalíptico de la venida del Señor, en cual los cielos son trastornados y conmovidos (Dn. 7:9-14; 12:1). El apóstol Pedro igualmente nos da un cuadro dantesco de destrucción celestial por medio de fuego (2Pe. 3:10,12).

Personalmente considero que todas estas señales de destrucción en los cielos y en la tierra se darán no necesariamente en orden cronológico, pero más bien de manera cíclica continua, por períodos de tiempos (sellos, trompetas y copas), como una mujer dando a luz, en la que las continuas contracciones del útero aumentan, generando cada vez más dolor y angustia, hasta la salida del bebé. De hecho, el Señor dice que los primeros eventos (relacionados con la destrucción del templo) son “principios de dolores” (Mt. 24:8). Lo que observaremos, en la medida que nos acercamos al fin, será una cuenta regresiva al día de la venida del Señor, con una intensificación de los “dolores de parto” de la creación de Dios (Is. 13:7-13; Ro. 8:20-23). El fruto de ese parto cósmico serán “cielos nuevos y tierra nueva” (Ap. 21:1-3), el establecimiento del reino eterno de Dios, con todos los santos (Dn. 7:13-14,18,26-27; Ap. 21:3,9-11,22-27).

¿Cuán literales serán estos eventos celestiales? ¿Serán eclipses solares o eclipses lunares, caída de meteoritos? No lo sabemos del todo. ¿Serán símbolos de trastornos cósmicos o batallas espirituales? No lo sabemos del todo. Personalmente estoy abierto a la idea que acontecerán ambas cosas y considero que la expresión, que dice que “las potencias de los cielos serán conmovidas” (Mt. 24:29), puede referirse más bien a poderosas batallas espirituales que se darán detrás del escenario profético. Ya que tanto el profeta Daniel (Dn. 12:1) como el apóstol Juan (Ap. 12:7) hablan que en el día de la venida del Señor habrá una batalla celestial entre el ejército de Dios, liderizado por Miguel y los ejércitos de las tinieblas, liderizados por Satanás. 


La batalla final culminará con la destrucción de la bestia y el falso profeta, los cuales serán lanzados en el lago de fuego, que arde con azufre y el encarcelamiento de Satanás. Es evidente que el apóstol hace referencia aquí a las potencias espirituales que dominan estos reinos y naciones (compare con Isa. 24:21-22; 34:1-4). Y también es claro que la caída de las estrellas no puede ser literal. Así que tenemos dos opciones: que son ángeles (Ap. 1:20; 8:10; 9:1; 12:3-4;) o son naciones (Gén. 37:9; Núm. 24:17; Dn. 8:9-10), o ambos, los ángeles que dominan sobre las naciones, derribados por el poder del Rey de reyes, quien viene a establecer Su reino sobre todas las naciones (Ap. 11:15). Independientemente, es seguro que al final, en la venida del Señor, debemos esperar acontecimientos físicos y espirituales en los cielos, que afectarán el desarrollo de los eventos históricos en la tierra. Serán días de gran oscuridad, de confusión, angustia y conmoción para todas las naciones, incluyendo a Israel.


Trastornos y señales en la tierra

El maestro también nos advierte que oiremos y habrá “guerras y rumores de guerras”, que las naciones y los reinos se levantarán una contra la otra; que habrá “pestes, hambres y terremotos en diferentes lugares”; habrá “terror y grandes señales en el cielo”; las gentes estarán “confundidas a causa del bramido del mar y de las olas”; y los hombres desfallecerán “por el temor (en inglés terror) y de las cosas que sobrevendrán en la tierra” (Mt. 24:6-8; Mr. 13:7-8; Lc. 21:9-11,25-26).

Es claro y evidente que todo lo anterior ha pasado a través de la historia de la humanidad; desde el primer siglo de nuestra era cristiana hasta hoy. Lo que es digno de resaltar es como todo lo anterior se ha intensificado desde el pasado siglo 20, cuando tuvimos dos guerras mundiales; la creación de las Naciones Unidas y otros organismos políticos y económicos mundiales, que dominan a las naciones; el surgimiento de Estados Unidos como potencia mundial, entre otras naciones; grandes pestes de impacto mundial (cánceres, SIDA, fiebre aviaria, etc.) y hambres como en ninguna otra época; el surgimiento y expansión del terrorismo a nivel mundial; el aumento en la frecuencia e intensidad de los terremotos; el uso y la amenaza presente de las bombas nucleares; el uso y la amenaza presente de armas químicas y bacteriológicas; la destrucción de la capa de ozono y el fenómeno del calentamiento global, que está generando cánceres a nivel mundial y afectando la frecuencia e intensidad de los huracanes y ciclones; la destrucción indiscriminada de bosques y selvas; grandes y extensos incendios forestales; y la contaminación galopante de los ríos, lagos y mares, etc., etc.

En los últimos veinte años el Señor ha atraído mi atención a tres eventos que tienen relevancia para el estudio de nuestro tema. 

1.- El primero, las dos últimas guerras en Irak, desde 1991 hasta el presente [Nota: al momento de escribir el libro la guerra continuaba en Irak]. A finales de 1990, antes del inicio de la primera guerra en Irak, estaba yo en oración y estudiando el tema de la lucha espiritual, y el Señor me dijo: -“Presta atención a esta guerra, porque el que gane esta guerra tiene el espíritu de Babilonia”. Esta fue la primera vez en la que el Señor atrajo mi atención a Estados Unidos como potencia espiritual mundial. Le pregunté al Señor: -“¿El espíritu de Babilonia batallando contra el territorio de la Babilonia física?”. Esto tiene sentido desde la perspectiva de la batalla espiritual: una potencia espiritual (y no menos político-militar), queriendo retomar control sobre “su territorio físico”, para la batalla final (Ap. 9:1-21; 16:12-16). 

Esta primera guerra en Irak tiene gran semejanza con el primer Ay, mencionado en Apocalipsis 9:1-12; y el ángel, potencia espiritual, que guiará toda esta destrucción (Dn. 7:7,19,23), es el ángel del abismo, cuyo nombre en griego es Apolión (Destructor, Abadón en hebreo). En el versículo 1 es descrito como una “estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo”. Durante la primera guerra en Irak, todos pudimos ver con asombro las gigantescas columnas de humo saliendo de los “pozos” de petróleo, que oscurecieron totalmente, por días, los cielos de Babilonia y el golfo Pérsico. Y también pudimos ver el protagonismo de la fuerza aérea americana con sus cazas, bombarderos y helicópteros.

En la segunda guerra de Irak, desde marzo del 2003, nuevamente Estados Unidos liderizó una “coalición de naciones” contra la nación iraquí; pero en esta oportunidad en contra de las decisiones y acciones de las Naciones Unidas, por lo cual es denunciada mundialmente como una invasión imperial y no una guerra, como la de 1991. De todos es conocido el gran engaño armado por Estados Unidos y sus aliados europeos, para justificar esta “guerra”. Las supuestas armas de destrucción masivas nunca aparecieron e informes posteriores de inteligencia reseñaron que Irak no poseía tales armas ni estaba en condiciones de fabricarlas nuevamente. Pero a pesar de la oposición internacional y el descubrimiento de las mentiras e intrigas, Estados Unidos y sus aliados continúan bajo suelo iraquí. Lo interesante es que esta invasión se produce como un “medio preventivo” (nuevo instrumento político-militar del Nuevo Orden Mundial), para evitar futuros “ataques terroristas” contra Estados Unidos o Europa, a raíz de los ataques acontecidos el 11 de septiembre del 2001, el cual es el segundo evento al que el Señor atrajo mi atención.

¿Qué han logrado Estados Unidos y sus aliados con estas dos últimas guerras? 1. Remover un gobierno que le era contrario a sus intereses político-económicos. 2. Fortalecer su presencia político-militar en la región. 3. Control de los inmensos recursos petroleros de Irak y Kuwait. Todos estos logros, evidentemente, tienen repercusiones políticas, económicas y militares para el Nuevo Orden Mundial, e indiscutiblemente para el escenario profético del fin.

2.- El Segundo evento fue el ataque terrorista, acontecido el 11 de septiembre del 2001, en las ciudades de New York y en Washington D.C. En esta oportunidad, el Señor fue más que específico, en cuanto a la relevancia de este evento para la historia de Estados Unidos y el desarrollo profético mundial.

Según lo que el Señor me mostró, lo que aconteció ese fatídico 11 de septiembre es lo que está descrito en Apocalipsis 18, que ha sido titulado “La caída de Babilonia”. Otra vez, en vista que estamos tratando con un libro de género apocalíptico, tenemos que estar conscientes, que estamos tratando con símbolos, imágenes, signos o figuras que no siempre podremos interpretar literalmente. Estas imágenes por lo regular llevan consigo sentidos o interpretaciones que no eran del todo entendidas ni por el mismo autor, sus lectores y mucho menos por nosotros mismos.

Un ejemplo es el término “Babilonia” (Ap. 17:5; 18:2), el cual evidentemente no puede interpretarse literalmente aquí. Es claro que hubo una Babilonia literal, histórica; pero aquí nos encontramos con una Babilonia profética, apocalíptica, cuya realidad tenemos que desentrañar. No dedicaré mayor atención a la Babilonia histórica, porque todos sabemos dónde está: es el Irak de “nuestros tiempos”. ¿Pero qué Babilonia tenía Juan en mente cuando recibió la Revelación? El apóstol Pedro en su segunda (y última carta) hace mención a una iglesia “elegida”, que está en “Babilonia” (2Pe. 5:13). Y es evidente que él se encuentra en dicha ciudad, pues él mismo canaliza los saludos de los hermanos de dicha iglesia. Los historiadores dicen que Pedro pasó sus últimos años de ministerio en Roma; así que la “Babilonia” a la que Pedro se refiere aquí es la capital del imperio romano: la ciudad de Roma. La otra pista bíblica nos la da el mismo libro de Apocalipsis. El apóstol Juan dice que cuando recibió la revelación de Jesucristo estaba en la isla de Patmos (Ap. 1:9). El estaba encarcelado por el imperio romano “por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo”, durante el reinado de Domiciano (finales del siglo I, posiblemente el año 90 d.C.), quien desató una terrible persecución contra la iglesia. Muchos estudiosos concuerdan que Juan se refería a la ciudad de Roma como Babilonia, la capital del imperio romano, la cuarta bestia en la profecía de Daniel (Dn. 2:32-33; 7:7).

Sin embargo el Señor me reveló que la Babilonia de los últimos tiempos, ya no será la capital del imperio romano, Roma; sino New York, la primera capital de los Estados Unidos y la sede de las Naciones Unidas. New York, la capital económica y cultural de la última gran bestia de la profecía de Daniel y Juan. Esto lo ampliaremos más en el capítulo dedicado a la Bestia y al falso profeta.

El ataque del 11 de septiembre del 2001, reveló y desencadenó eventos proféticos importantes y facilitó escenarios, para que la Coalición de naciones liderizadas por Estados Unidos (la última versión del imperio romano) fortaleciera su hegemonía política, económica y militar en las naciones, principalmente en el Medio Oriente. Es claro que el espíritu de Babilonia que reside en Estados Unidos ha establecido, junto con sus “aliados”, su presencia física en el territorio de Babilonia. El ciclo histórico y profético se está cerrando. La política imperial del Nuevo Orden Mundial va “in crescendo” y seguirá trastornando a las naciones de la tierra.

3.- El tercer evento fue el terrible tsunami, acontecido el 26 de diciembre del 2004. Inmensas y poderosas olas, causadas por un terremoto subterráneo en las aguas de Indonesia, que tomó las vidas de más de 150 mil personas de 12 países del sureste asiático y costa oriental de África, además de 35 países, representados por turistas de otras regiones del mundo. Y aún la geografía de la región fue alterada por el poderoso sismo y las gigantescas olas producidas por el mismo.

El Señor usó a dos queridos intercesores para llamar mi atención a este último evento. El primero fue una querida hermana, una anciana intercesora india, cuyo cuerpo debilitado no reflejaba su fuerte corazón guerrero. Por varios días me llamó y me pidió que la visitara. Cuando pude, fui junto con mi esposa a su humilde casa.

-Hermano Daniel, tengo algo para usted- Me dijo.

Yo estaba más que consternado y curioso por el secreto que mi querida hermana quería compartir, ya que el motivo de mi visita fue orar por su salud.

Me pidió que buscara en mi Biblia Lucas 21:25, lo cual diligentemente hice, con cada vez mayor curiosidad. Conseguí el versículo y lo leí (en mi Biblia en inglés de la NIV): “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas”.

Las palabras en inglés resonaron fuertemente en mi corazón latino; pero seguí leyendo para quedar aún más perplejo. En el versículo siguiente dice: “desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán sobre la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas” (21:26). Mi mente y mi espíritu estaban siendo sacudidos y volví en si con la voz quebrantada de mi anciana intercesora diciéndome: -Pastor, eso es lo que está pasando. Ella hacía referencia al tsunami, al “bramido del mar y de las olas”, pero mi mente quedó atónita al ver en el siguiente versículo la palabra en inglés “terror” (traducido como ‘temor’ en español). Estas dos últimas señales en la tierra antes de la venida del Hijo del Hombre (Lc. 21:27).  Los hombres desfallecerán por causa del “terror”.

Este tsunami apareció en pleno desarrollo de la guerra contra el terrorismo mundial, liderizado por organizaciones islámicas, pero que está siendo usada al servicio de intereses de poderes políticos, económicos y militares de las naciones poderosas del hemisferio norte, capitaneadas por Estados Unidos. El terrorismo está sirviendo como la excusa perfecta para invasiones a naciones, torturas y para “guerras preventivas”; pero de lo que los ciudadanos norteamericanos y europeos no se percatan es que cada vez más sus libertades y derechos civiles serán cercenados, para ponerlos bajo el servicio de esta “guerra contra el terrorismo” ejecutada por la “Coalición de naciones”.

El otro amigo intercesor, fue uno venezolano, que me mandó un mensaje con mi esposa por Email y por el Chat urgiéndome a que relacionara los eventos vividos el 11 de septiembre del 2001 con este tsunami ocurrido tres años después. Mi primera reacción fue ignorar el llamado de mi amigo. Me decía a mi mismo –El Señor no me ha dicho nada. No he recibido nada de parte del Él. Pero el domingo siguiente del tsunami, el Señor me inquietó para que prestara atención a lo que mi amigo intercesor me decía.

Inmediatamente me paré de la cama, pues me disponía a tomar mi acostumbrada siesta dominical y busqué en Apocalipsis 18 nuevamente. Y mis ojos se clavaron en el versículo 21 “Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada”.

Entonces el Señor me habló nuevamente y me dijo: -Viene un segundo juicio contra la ciudad de New York, Babilonia. Este juicio producirá la destrucción total de la ciudad-.

Empecé a inquirir sobre la “piedra”, la cual es arrojada en el mar, para ilustrar el ímpetu con el cual será derribada Babilonia. Y conseguí tres opciones: 1. Un meteorito cae en el mar y produce un tsunami; 2. Otro ataque terrorista, pero con una bomba atómica que produce grandes olas que destruyen la ciudad; 3. Otro terremoto subterráneo que produce un tsunami como el indonesio.

La sorpresa vino el domingo siguiente. En el periódico local (Deccan Chronicle) apareció un artículo especial en la revista dominical, su titulo era: “Uno más grande viene” (“A bigger is coming”), en el cual se anunciaba la gran posibilidad que un segundo tsunami, de mayores dimensiones, aconteciera en cualquier momento, tanto en el Océano indico y en el Pacífico, como en el Atlántico. El que llamó poderosamente mi atención fue el del Atlántico. He hecho varias investigaciones en Internet, y según algunos científicos, existe la posibilidad que una gran masa terrestre (de por lo menos 150 km³), ubicada en la isla La Palma, España, se desplome en el mar, por causa de los sismos producidos por un volcán cercano (Cumbre vieja), lo cual generaría inmensas olas, de más de 100 metros de alto, que pudieran viajar a velocidades de hasta 500 Mps., hasta las costas orientales de los Estados Unidos y las occidentales del Norte de África y Europa. Según los pronósticos de los científicos, de producirse este desastre natural las islas del Caribe serían total y completamente barridas. Pero como suele suceder, este informe, dado por organismos científicos, y transmitido por cadenas informativas como la BBC y la CNN, ahora es catalogado de infundado y errado en sus conclusiones.

Pero independientemente de lo que pudiera pasar (ya que no estoy prediciendo que lo anterior es lo que va a pasar), lo que está establecido para la gran ciudad, la gran Babilonia, es su total destrucción (Ap. 18:21-24). Y Dios puede usar cualquier instrumento para ejecutar sus juicios. Tanto Daniel como Juan indican que este último imperio babilónico será totalmente destruido por una “piedra” cortada de un monte, no con mano de hombre, como una gran piedra de molino (Dn. 2:44-45; 7:9-10, 21-22,26-27; 18:1-3,6-8,17-21). Y a lo que el Señor atrajo mi atención es que todavía pende un juicio total sobre New York, la gran ciudad, la Babilonia de nuestros tiempos.

Ahora veamos otras señales que encontramos en el Nuevo Testamento, a parte de las que el Señor nos da en los Evangelios


Esto lo haremos en la Octava entrega sobre el tema del Gran Engaño, si quiere proseguir haga click aquí.


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21 de enero de 2014

EL GRAN ENGAÑO VI

EL GRAN ENGAÑO VI
Crónicas de intercesión profética en los Estados Unidos de América
Señales del Fin: El Rapto y la Higuera

Por apóstol Dr. Daniel Guerrero


INTRODUCCIÓN

Desde la Segunda parte de esta serie de entregas sobre las Crónicas de intercesión profética en los Estados Unidos de América, hemos venido analizando las "Señales del Fin", que el Maestro les entregó a Sus discípulos en el Monte de los Olivos, según está registrado en el Evangelio de Mateo capítulo 24.

Y ya hemos visto la señal del auge de falsos cristos y profetas y el engaño que estos han traído en los últimos siglos.  En la Tercera y Quinta parte hemos estudiado la profecía de las Setentas semanas de Daniel, pues el Señor cita esta profecía para enmarcar el inicio de la Gran tribulación y el cumplimiento de la destrucción del Templo, tal como lo dijo el profeta Daniel (Dn. 9:20-27) y que ocurrió en el año 70 d.C.  Y en la Cuarta entrega analizamos las señales de la Gran tribulación y la destrucción del templo, tal como el Maestro lo profetizó.


Ahora en esta Sexta entrega, estudiaremos el Rapto de la Iglesia y la Higuera floreciente, como otras señales antes de la Venida del Señor y el Fin de los tiempos. 

El Rapto

La otra señal que nos da el Señor es el arrebatamiento de la iglesia o lo que otros denominan el rapto. En el pasaje de Mateo vemos que este evento acontece en la venida del Señor, la cual será como “un relámpago que sale del oriente hasta el occidente” (Mt. 24: 27). Pablo dice que será “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos” (1Cor. 15:52).

El Señor ilustra el evento del rapto como la reunión de águilas alrededor del “cuerpo” (Mt. 24:28). Indicando que sus discípulos se reunirán con Él, en el aire, dondequiera que Él esté. Esta enseñanza se repite en Lucas como respuesta a la pregunta “¿Dónde, Señor? (serán llevados los que son “tomados”), a lo que el Maestro responde: “Donde estuviere el cuerpo allí se reunirán las águilas” (Lc. 17:37; compare con Mt. 24:40-42).

También el Maestro nos enseña que el rapto acontecerá el día de Su venida (Mt. 24:30-31; Mr. 13:26-27; Lc. 17:24,34-37). Y da algunos escenarios de cómo acontecerá el rapto de la iglesia (Mt. 24:36-44). Su sugerencia es que estemos preparados (Mt. 24:44).

Pero el apóstol Pablo, también nos da más detalles sobre este evento importante para la iglesia del Señor Jesucristo.

En 1 de Corintios 15:51-54, el apóstol nos enseña sobre lo que le pasará a todos los creyentes en la venida de nuestro Señor (compare vv. 51-52 con 1Tes. 4:15-16). Él nos dice que aquellos que todavía vivan serán “transformados” y aquellos que hayan muerto serán “resucitados”. En ambos casos nuestros cuerpos corruptibles y mortales serán “vestidos” de incorruptibilidad e inmortalidad (Dn. 12:2-3). De acuerdo con el contexto, disfrutaremos de un “cuerpo espiritual” como el del Señor, a quien él llama el “postrer Adán" (15:42-49). Es decir, recuperaremos la vestidura gloriosa perdida por Adán y Eva el día de su caída (Gén. 3:7-11,21). Seremos revestidos nuevamente de la gloria de Dios y lo veremos como Él es (Gál. 3:27; Col. 3:9-10; 1Jn. 3:2).

En 1 de Tesalonicenses 4:13-18, también nos enseña sobre el orden de los eventos y otros detalles sobre este día. Primero los que hayan “muerto en Cristo” serán resucitados; luego los que sigan vivos, los que hayan quedado, serán arrebatados juntamente con los resucitados. También ratifica que el rapto acontecerá en el día de la venida del Señor, cuando Él “con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo”. Compare con Mateo 24:30-31, donde el Maestro enseña que el Hijo del Hombre… “enviará a sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”. Y el apóstol culmina diciendo que en el rapto todos nos reuniremos en las nubes “para recibir al Señor en el aire”. El Maestro dice que el Hijo del Hombre estará “viniendo sobre las nubes del cielo” (Mt. 24:30; compare con Dn. 7:13 y Ap. 1:7; 19:11).

En 2 de Tesalonicenses 2:1-12, Pablo habla tanto de la venida del Señor como de “nuestra reunión con él” (compare con Mt. 24:28,31; 1Tes. 4:17), como eventos que sucederán el mismo día y no como eventos separados. En este pasaje también él nos da otras señales o eventos previos a la venida del Señor y nos exhorta nuevamente, en línea con las palabras del Maestro, a no dejarnos engañar.

Es decir, de acuerdo con estos pasajes podemos concluir:

1. Que en el día de la venida del Señor, tanto los que hayan vivido como los que hayan muerto en el Señor, serán transformados y vestidos con cuerpos espirituales.

2. Que el rapto acontecerá el día de la venida del Señor, rápida e inesperadamente (“en un abrir y cerrar de ojos”) y a la final trompeta (ver Mt. 24:27,30-31,36-44; Mr. 13:26-27; Lc. 17:24).

3. Que tanto los resucitados como los que hayan quedado serán arrebatados (tomados), para recibir en el aire al Señor, quien estará descendiendo del cielo. Ésta será nuestra reunión con Él, lo que Apocalipsis llama las “bodas del Cordero” (ver Ap. 19:5-9).

Así que, una señal importante previa a la venida del Señor será el arrebatamiento de la iglesia, lo cual sí ocurrirá y está por ocurrir en cualquier momento.

Aquellos que enseñan que no habrá arrebatamiento, sencillamente ignoran las claras enseñanzas de las Escrituras al respecto. Y aquellos que enseñan que el rapto acontecerá antes de la gran tribulación, para que la iglesia no “sufra” durante ese período (Ap. 6:9-11; 7:13-17), deben revisar bien las Escrituras y las evidencias históricas sobre los pasados y futuros padecimientos de la iglesia e Israel. Otra vez, este engaño que dice que la iglesia será arrebatada antes de la gran tribulación, genera falsas expectativas y producirá desilusión en muchos, cuando experimenten persecución, muerte y dolor nunca esperados o imaginados (2Pe. 2:1-2).



La Higuera

El Maestro nos da otra señal que tenemos que decidir cómo interpretarla: la señal de la higuera, la cual Él presenta como una parábola (Mt. 24:32-33). Aquí nos conseguimos con una dificultad hermenéutica, porque las parábolas son géneros literarios particulares, y no podemos interpretar sus símbolos o ilustraciones literalmente, porque más bien apuntan a una enseñanza moral o espiritual más allá de su historia. La enseñanza en este caso aparece claramente expuesta en el versículo 33: “así también vosotros, cuando vean todas estas cosas, conozcan que está cerca, a las puertas” (refiriéndose a su segunda venida v. 30).  


Lo que el Maestro quiere es que estemos pendientes de los tiempos y del cumplimiento de estas señales que Él nos da, de manera que reconozcamos cuán cerca estamos de Su venida; de la misma manera como el retoño de las ramas y hojas de la higuera nos indican la llegada del verano. Esta sería la interpretación más cercana al texto y fiel a principios hermenéuticos. Además que sería similar con la visión que el Señor le dio a Jeremías cuando lo llamó (Jer. 1:11-12). En ella el profeta vio una vara de almendro (Núm. 17:8,10) y recibió la interpretación de la visión del Señor mismo: “-Bien has visto porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra” (Jer. 1:12). Tanto en la señal dada por el Maestro como en la dada a Jeremías, la enseñanza es la misma: Estemos preparados porque Dios está listo para ejecutar Su Palabra, especialmente sus juicios (Jer. 1:13-16).

Otra interpretación, un tanto más alegórica, es que la higuera representa a Israel; es decir el retorno y resurgimiento de Israel como nación, lo cual aconteció dramáticamente desde 1948, cuando las Naciones Unidas le dieron el reconocimiento como nación; aunque ya se habían dado masivas emigraciones a tierra santa, por causa de la persecución y holocausto que sufrieron los judíos, por manos “cristianas” católicas y protestantes, bajo el gobierno alemán y el británico.

La anterior interpretación se basa tanto en pasajes del Antiguo como del Nuevo Testamento. En el Antiguo, la higuera, junto con la vid, representan la prosperidad y felicidad del pueblo de Dios (1Re. 4:25; Can. 2:12-13; Is. 36:16-17; Mi. 4:3-4; Hab. 3:17). Pero en otros pasajes se relaciona al mismo pueblo de Dios con la higuera y la vid (Os. 9:10; Joel 1:7). Algunos pasajes proféticos hablan del Israel o Judá como una higuera sacudida o desgajada, como ilustración de juicio sobre la nación (Jer. 8:13; 24:1-10; Jl. 1:6-7; Nah. 3:12). El pasaje de Jeremías 24:1-14, está en el contexto de la denuncia contra los falsos profetas y la profecía de los setenta años.

En el Nuevo Testamento, el Maestro también usa la imagen de la higuera, para ilustrar la conducta pecaminosa de los judíos y de los falsos profetas (Lc. 13:6-9; Mt. 7:15-20). Así también, el Maestro usa la figura de la viña para ilustrar al reino de Dios y a Su pueblo (Mt. 20:1-16; 21:28-32; 21:33-46). El apóstol Pablo compara al pueblo de Dios como un olivo. Y usa esta imagen para explicar cómo los creyentes no judíos (gentiles) fueron anexados o incorporados (injertados) al pueblo de Dios (el buen olivo), después del pecado de Israel al rechazar al Cristo (Ro. 11:17-24).

Aunque me apego a la primera interpretación que el mismo texto nos da (Mt. 24:33; Mr. 13:28-29; Lc. 21:29-31); no es descabellado considerar el retorno y resurgimiento de Israel como nación, como una señal importante, previa a la venida del Señor; ya que hay abundantes profecías que prestan atención a este gran evento profético para el pueblo de Dios (Is. 35:10; 43:5-6; 44:26; 61:4; Ez.11:17-19; 20:33-42; 34:28-31; 37:11-14; Jer. 30:3, 10-18; Zac. 1:114-17). 

Nosotros también debemos prestar atención a este evento, de la misma manera que Dios y Sus profetas lo hicieron. Y no debemos pensar que Dios en este tiempo está tratando sólo con la Iglesia y no con Israel, ni tampoco podemos pensar que desde el 70 d.C. esa nación fue rechazada; ya que esa interpretación es errada y llevó a algunos a considerar que Dios había rechazado por completo a los judíos, porque ellos “mataron al Mesías”. Esa errada interpretación fue la que facilitó las masacres realizadas por los Cruzados, la expulsión de los judíos de España y otros países europeos, y por último el holocausto ejecutado por los nazis. En tal error han incurrido tanto líderes importantes de la iglesia católica como protestante.

Si afirmamos que Dios no ha estado tratando con Israel desde el 70 d.C. (la dispensación de la gracia para algunos), tendríamos que afirmar que Dios no trató con Israel tampoco mientras estuvo cautivo en Egipto, en Asiria y en Babilonia. Lo cual todos sabemos que no es cierto, porque en todos los casos Dios dejó un remanente, los sacó de esas tierras y los trajo a la tierra prometida que juró a sus padres; tal como también sucedió a mediados del siglo pasado, el 15 de mayo de 1948. Desde el 70 d.C. Dios sigue tratando con Israel y las naciones, por medio de la proclamación del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, lo cual continuará hasta Su segunda venida (Mt. 24:14). De hecho, actualmente es claro y evidente que Dios sigue tratando con Israel, como nación, y con la iglesia. Los posibles dos testigos, los dos olivos, que Juan vio en sus visiones apocalípticas (Ap. 11:3-4).



En las próximas entregas seguiremos analizando las Señales del Fin que el Maestro nos dejó en su mensaje en el Monte de los Olivos (Mateo 24), específicamente las señales en el cielo y en la tierra, en la Séptima entrega.  Si desea proseguir, haga click aquí.


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14 de enero de 2014

EL GRAN ENGAÑO V

EL GRAN ENGAÑO V
La Señales del Fin: Las 70 Semanas de Daniel II
Análisis de Mateo 24 y 25
Por apóstol Dr. Daniel Guerrero



INTRODUCCIÓN:
Hago un breve paréntesis para analizar y explicar un poco más la Profecía de las Setenta semanas, que comenzamos a estudiar en la Tercera entrega; pues considero que debemos tener en claro cómo ésta se cumplió tal y como el profeta Daniel y el Maestro profetizaron.

Y en esta Segunda parte sobre la Profecía de las Setenta semanas, quisiera explicar un poco más mi interpretación bíblica-teológica de Mateo 24 y 25, desde la cual sustento mi posición concerniente a las doctrinas de la Gran tribulación, el Rapto de la Iglesia y el futuro Templo en Jerusalén.

Sigo...

La Profecía de las Setentas semanas de Daniel

"Sabe, pues, y entiende que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas; se volverán a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y nada ya le quedará."
Tenemos
1. Siete semanas (un tiempo).  Se decreta la orden de restauración y edificación de Jerusalén.
2. Sesenta y dos semanas (tiempos).  Se cumplen hasta le venida del Mesías Príncipe.

El pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario, su final llegará como una inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.  Por otra semana más confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después, con la muchedumbre de las abominaciones, vendrá el desolador, hasta que venga la consumación y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.
En la última semana, es decir la semana número setenta, tenemos:
1. El pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario.
2. Confirmará el pacto con muchos.
3. A la mitad de esa semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda.
4. Al final con la muchedumbre de las abominaciones, vendrá el desolador, hasta que venga la consumación y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.

Si consideramos que un "tiempo" equivale a siete años (una semana profética), entonces, la mitad de un "tiempo" sería tres años y medio.

Y como dijimos en la entrega anterior, se cumplieron exactamente 483 años, equivalentes a 69 semanas, tal como lo profetizó Daniel.  El reto lo tenemos es con la última semana (7 años), pues es claro que la profecía dada por el Maestro sí se cumplió totalmente; sin embargo, el cumplimiento de los eventos profetizados no se cumplieron en 7 años literales, sino en aproximadamente 37 años (entre el año 33 y el 70 d.C.).  Exactamente en el año 70 del calendario romano.

Así que, podríamos decir que la profecía de las Setentas semanas de Daniel también pudo ya cumplirse de la manera siguiente:
1.  Las semanas del 1 al 7 se cumplieron entre el decreto u orden de restaurar y edificar Jerusalén por el rey Artajerjes (Neh. 2:1-8): que hemos dicho fue en el mes de Nisán del año 444 antes de Cristo.
2.  Las semanas del 8 al 69 se cumplieron entre el tiempo de Nehemías y el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, es decir "hasta [la venida] el Mesías Príncipe".
3.  La última semana se divide en "mitades de un tiempo":
3.1.  La primera mitad de la semana 70 se cumplió entre el nacimiento de Jesús y Su muerte en la cruz, con lo cual concuerda la declaración de la profecía: "Después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías."
3.2.  Y la segunda mitad de la semana 70 se cumplió entre la muerte de Cristo (33 d.C.) y la destrucción del templo (70 d.C.).

Con todo, creo que la posición más equilibrada que hasta ahora he encontrado tocante a la interpretación y cumplimiento de las Setentas semanas de Daniel nos la da José M. Martínez, en su libro Hermenéutica (pp. 309-310):
"En la perspectiva profética no sólo se entremezclan lo histórico y lo escatológico [futuro], sino que a menudo los acontecimientos más próximos a la profecía tienen importantes puntos de semejanza con los sucesos escatológicos.  Existe una homología entre los unos y los otros.  Y esto, que implica dificultades, incluye ventajas, ya que los hechos históricos --bien conocidos por ser ya cosa del pasado-- arrojan luz muy valiosa sobre cumplimientos futuros.  Puede servirnos de ilustración la "abominación espantosa" anunciada por Dn. 11:31 (véase también Dn. 12:11).  En primer lugar, el texto se refiere a lo acaecido en días del sacrílego Antíoco Epífanes (año 167 a. de C.) cuando desató sus iras contra el pueblo judío y profanó el templo de Jerusalén erigiendo en su interior un altar griego.  Pero al mismo tiempo puede ser descriptivo de lo acaecido el año 70 d. de C., cuando Jerusalén sufrió los horrores del asedio romano y finalmente una nueva profanación del templo seguida de su completa destrucción (comp. Mt. 24:16; Mr. 13:14; Lc. 21:20).  Y así mismo, puede tener una proyección relativa al anticristo escatológico (2Ts. 2:3-4; Ap. 13:11-17)."

Con todo, como podemos ver, debemos partir que dicha profecía ya tuvo cumplimiento, por lo menos en dos ocasiones.

Jesús y la Profecía de las Setenta semanas de Daniel

Sin embargo, para hacer justicia al texto que venimos estudiando, que es Mateo 24:1-28, deberíamos separar u organizar mejor el texto para evitar confusión.  Veamos:
1.- (24:1-2) Jesús estaba con Sus discípulos en el Templo, y estos estaban emocionados mostrándole la belleza y acabado del mismo; y entonces el Maestro les profetiza la total destrucción del Templo...

2.- (24:3)  Esa profecía, como he dicho, tuvo que haber golpeado duramente la mente y el corazón de Sus discípulos.  ¡Ellos estaban emocionados mostrándole a Su Maestro la belleza del Templo!  Y ¡Baam!  El Maestro les lanza esa profecía...  Y al parecer, no le dijeron ni una palabra entre el trayecto entre el monte del Templo y el monte de los Olivos, sino que esperaron hasta que el Maestro se sentó para expresarles sus preguntas e inquietudes.
Pero otra vez, necesitamos captar o tratar de entender este momento con la mentalidad judía que más podamos o nos sea posible tener.  ¡La destrucción del Templo representaba el Fin para los judíos!  Y aunque a veces se nos olvida, los discípulos del Señor eran judíos, y tenían sueños y expectativas nacionalistas judías.  Y esa profecía dada por el Maestro unos minutos u horas antes, echaban por tierra toda expectativa de salvación y bienestar nacional.

3.- (24:4-14)  En esta porción, que llamaré la Primera parte, el Maestro comienza a responder a las tres preguntas que le hicieron Sus discípulos: A) ¿Cuándo serán estas cosas?  B) ¿Qué señal habrá de tu venida?  C) ¿Y [qué señal habrá] del fin del siglo?
Y primero les da algunas señales previas al cumplimiento de las profecías que acaba de darles:
3.1. Falsos cristos (vv. 4-5)
3.2. Guerras y rumores de guerra (v. 6)
3.3. Levantamiento entre naciones (v. 7a)
3.4. Pestes, hambres y terremotos en diferentes lugares (v. 7b)
3.5. Persecución, tribulación y rechazo (v. 9)
3.6. Traición y división (v. 10)
3.7. Falsos profetas (vv. 11-13)
3.8. Evangelización mundial (v. 14)

4.- (24:15-25)  En esta otra porción, que llamaré la Segunda parte, el Maestro les da instrucciones sobre qué hacer cuando llegue el tiempo del cumplimiento de la profecía sobre la destrucción del Templo, que Él acababa de darles.  Y lo hace con una partícula conclusiva: "Por tanto"... "Por tanto, cuando veáis en el Lugar santo la abominación desoladora de la que habló el profeta Daniel".  Con esto es que el Maestro conecta Su profecía con la profecía de las Setentas semanas de Daniel.  Y es claro que el Maestro usa la profecía de Daniel como la señal que indicará el cumplimiento de Su profecía sobre el Templo.

Es decir, cuando ustedes vean que comienzan otra vez a profanar el lugar Santo del Templo, tal como lo profetizó Daniel, entonces esa será la señal del comienzo de la destrucción del Templo.  Y entonces les da instrucciones sobre qué hacer en ese tiempo:
4.1. Los que estén en Judea huyan hacia los montes.  ¡Salgan de Judea!
4.2. El que está en la azotea ¡salga de la casa inmediatamente!
4.3. El que esté en el campo ¡huya y no regrese a su casa!
4.4. Oren para que sus mujeres o hermanas no estén embarazadas ni ese evento acontezca en invierno.
4.5. En ese tiempo habrá "Gran tribulación" como nunca.
4.6. Esos días serán acortados por causa de los escogidos.
4.7. Y otra vez les exhorta que no se dejen engañar ni con los falsos cristos ni con los falsos profetas.

Ya al final de estos versículos se observa una transición de los eventos del Fin, que ocurrieron desde el año 70 d.C., cuando el Templo fue destruido y la ciudad comenzó a ser arrasada por las fuerzas invasoras romanas, y el tiempo previo a la venida del Señor, lo cual nos lleva a la Tercera parte...

5.- (24:16-44)  Esta Tercera parte, también comienza con una partícula conclusiva: "Así que"... Y comienza a compartirles tanto instrucciones sobre qué hacer, así como enseñanzas sobre lo que pasará y cómo pasará durante Su Segunda venida.
5.1. Otra vez les exhorta que no se dejen engañar ni con los falsos cristos ni con los falsos profetas, porque en esta oportunidad el Mesías no vendrá por el desierto ni en ningún lugar alto o aposento.
5.2. El Hijo del hombre vendrá por los cielos, como un relámpago (ver también v. 30).
5.3. Él se reunirá con los escogidos, como las águilas se reúnen alrededor de un cuerpo.
5.4. Inmediatamente después de la tribulación de esos días [gran tribulación según el Maestro], habrá señales en los cielos.
5.5. Aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo, y los hombres y naciones se lamentarán al verlo.
5.6. Amplía cómo será Su reunión con los escogidos: con Su poderosa voz, "como una gran voz de trompeta" (1Tes. 4:16) enviará a los ángeles a reunir a Sus escogidos de todas partes de la Tierra.
5.7. Les da la señal de la Higuera (vv. 32-33).
5.8. Les da la señal de la generación que testificará los eventos de la profecía del Templo (vv. 34-36).
5.9. Les da la señal de los tiempos de Noé (vv. 37-39).
5.10.  Amplía cómo será el evento del Rapto y de Su Segunda venida (vv. 40-44).

6.- (24:45-25:30)  En esta Cuarta parte, ilustra la necesidad de estar preparados y apercibidos para Su venida, que podría tomar más tiempo del esperado, por medio de varias parábolas:
6.1. La parábola de un siervo fiel y prudente (24:45-51).
6.2. La parábola de las diez vírgenes , cinco prudentes y cinco insensatas (25:1-13).
6.3. La parábola de los siervos que administran los bienes o talentos del Señor (25:14-30).

7.- (25:31-46)  Y en la Quinta y última parte, el Maestro les enseñó cómo será el juicio a las naciones y el Juicio final para toda la humanidad, ya al final del siglo o de los tiempos.

Así que, vemos que el Maestro sí respondió a las tres preguntas que le hicieron sus asustadizos discípulos.

El número 7 y la Profecía de las Setenta semanas

Ahora, es importante resaltar el uso de los números 7 y 70, ya que podemos observar que es de suma relevancia tanto en la profecía de Jeremías como en la de Daniel, así como en el Apocalipsis de Juan.  A través del profeta Jeremías Dios le dice a Su pueblo que castigará su pecado, su transgresión, al no cumplir con sus tiempos de reposos, en especial, del año sabático y los 70 años de reposo de la tierra (Jer. 29:10, 17-19; 2Cró. 36:17-21; Lev. 26:33-35).  Y por medio del profeta Daniel, Dios les dice que terminará la prevaricación y traerá la justicia perdurable sobre Su pueblo, cuando venga el Mesías Príncipe. Por esa razón, tenemos ante nosotros:
1.- 70 años en la profecía de Jeremías
2.- 70 semanas en la profecía de Daniel
3.- El cumplimiento de la profecía de Jesús, en el año 70 en el calendario romano. 
4.- Y a partir del año 70 d.C. hasta el año 1947, el pueblo judío experimentó la más larga y penosa diáspora entre las naciones, sin tierra, sin capital y sin templo.

Y si es cierto lo que algunos proponen para un segundo cumplimiento de los 70 años de total restauración para Israel, la Segunda venida del Mesías podría ocurrir entre los años 2016 al 2018.  Ya que según esta propuesta entre 1947 al 2017 habrá 70 años, que comienzan con la decisión (decreto) de las Naciones Unidas de crear un Estado para los judíos en Palestina  ¡Pero lo interesante es que desde el año 70, cuando fue destruido el Templo de Jerusalén, al 2017 habrán pasado también 1947 años.

Si desea conocer un poco esta propuesta, puede ver el siguiente vídeo que expone la perspectiva hebrea en la interpretación de la profecía de las Setenta semanas de Daniel.  Que debo aclarar, que aunque tiene datos bíblicos y culturales interesantes para nuestro conocimiento, personalmente no comparto su postura judío-mesiánica extrema, que en ocasiones raya en anti-Cristianismo ni sus conclusiones, ni en su literalismo al punto de querer darle fechas específicas a eventos previos a la venida del Señor, y que, como era de esperarse, fallan en sus predicciones.

En la próxima entrega continuaremos con el análisis de la profecía sobre El Rapto.  Si desea continuar, haga click aquí.


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9 de enero de 2014

EL GRAN ENGAÑO IV

EL GRAN ENGAÑO IV
Crónicas de intercesión profética en los Estados Unidos de América

La Gran tribulación y el Templo
Por apóstol Dr. Daniel Guerrero



INTRODUCCIÓN










Hemos visto que en la Segunda parte de este tema, el Maestro cita la Profecía de las setenta semanas de Daniel, cuando les advierte a Sus discípulos que dos de las Señales del Fin de los tiempos es el auge de falsos cristos (ungidos) y falsos profetas (maestros), que engañarán a muchos, lo cual también causará que el amor de muchos se enfríe.  Y en la Tercera parte, pudimos aprender que esta Profecía de Daniel es clave y muy importante para entender las enseñanzas del Maestro sobre el tiempo del fin y lo que pudiéramos esperar para los últimos tiempos.

A su vez, la Profecía de las setentas semanas del profeta Daniel nos ayuda también a captar el inicio de la Gran tribulación, que algunos esperan para un tiempo futuro, pero que si tomamos seriamente lo que enseñó nuestro Maestro, entonces podemos concluir que:
1.  La Gran tribulación comenzó con la destrucción del Segundo templo de Jerusalén, en el 70 d.C.
2.  La Gran tribulación ha continuado desde entonces y culminará con la Segunda venida del Señor.
3.  La Iglesia de Jesucristo sí pasará por la Gran tribulación hasta la Venida del Señor Jesucristo.

Veamos lo que escribí en mi libro El Gran engaño sobre este tema:

Gran tribulación 

Como he dicho anteriormente, nosotros, gentiles, occidentales, con nuestra distancia de más de veinte siglos, no podemos entender con claridad el dolor, trauma y sufrimiento que los judíos y cristianos vivieron en el año 70 d.C., ni otros acontecimientos similares acaecidos posteriormente. Decir que todavía no ha habido gran tribulación es ser insensible y no consciente de lo sucedido en la historia del pueblo judío y de la iglesia de Jesucristo en los últimos veinte siglos.

Por ejemplo, no tiene sentido decir que no fue gran tribulación: la destrucción total del Templo, de la ciudad de Jerusalén y la muerte de aproximadamente un millón de judíos por parte del ejercito romano, entre el año 70 d.C. hasta el 143 d.C.; ni tampoco el martirio de millones de cristianos en las ciudades de Oriente y en el Foro romano por parte del imperio romano, en los primeros tres siglos de la historia cristiana; ni que no hubo gran tribulación durante las continuas guerras, asedios y matanzas entre judíos, musulmanes y cristianos por la conquista y reconquista de Jerusalén, por un período de más de siete siglos (s. XI al s. XVII); y sería absurdo declarar que no fue gran tribulación el desplazamiento, la tortura y la muerte de más de seis millones de judíos (sin contar lo sufrido por los cristianos y otras nacionalidades y razas) por parte del ejército alemán, durante un período de aproximadamente seis años (1939-1945). Ni tampoco tiene sentido esa declaración cuando nos informamos del martirio de millones de cristianos, bajo los gobiernos comunistas ruso, chino, vietnamita, camboyano y norcoreano, y bajo los gobiernos islámicos de Medio Oriente y norte de África, entre finales del siglo 19 y el presente siglo. Cuando vemos todo esos eventos en su conjunto no tiene sentido declarar que no ha habido gran tribulación.

Como igualmente no tiene sentido decir que no es la gran tribulación lo que actualmente experimenta el estado judío de Israel y las naciones con las olas de terrorismo mundial, las guerras, los desastres naturales, las pestes, el hambre, los terremotos, el martirio y la persecución de la iglesia (Lc. 21:25-26). Todo esto sencillamente continuará y empeorará hasta la venida del Señor.

En conclusión, decir que desde el año 70 d.C. hasta la fecha no ha habido gran tribulación, tanto para cristianos como para judíos, es sencillamente ser insensible e ignorar por completo el sufrimiento y muerte de millones de personas de otras nacionalidades y culturas. Ahora porque mi pueblo y mi nación, no hayan sufrido la magnitud de tales eventos, no me da el derecho de afirmar de un solo plumazo, que en la historia no ha habido gran tribulación; ni tampoco tengo ninguna garantía que no lo podamos sufrir como nación en el futuro; ya que el Maestro nos dice que una señal importante antes del fin es que habrá gran tribulación, y tanto el pueblo judío como los cristianos pasaremos por ella (Jer. 30:7; Dn 12:1; Ap. 7:14).

Querido lector debo decirle con toda la seriedad del caso, basado en las Escrituras y en las múltiples evidencias históricas, que no es que la iglesia no va a pasar por gran tribulación, sino que la iglesia ha pasado, está pasando y pasará por gran tribulación, como ha sucedido desde el comienzo de su historia en Jerusalén hasta cuando venga el Señor a arrebatarla. Aquellos que dicen algo contrario a lo que enseña la Biblia, sencillamente lo que crean es decepción y frustración en los creyentes, que creen inocentemente y con todas sus buenas intenciones, que nunca pasarán por tales situaciones de dolor, sufrimiento y muerte. Y entonces cuando les sobrevienen tales circunstancias su fe no está cimentada en la Palabra de Dios, sino en doctrinas y enseñanzas de hombres.

Si usted no ha visto su ciudad bombardeada, envuelta en llamas, con sus calles bañadas de sangre corriendo como río y rodeada de cadáveres; o usted no ha estado en prisión, o en un campo de concentración esperando por el día de su muerte o ejecución; o si usted no ha visto cómo le violan a su esposa e hijas, y les estrellan a sus hijos menores contra las paredes; o no ha sufrido el allanamiento y muerte de su congregación un domingo por la mañana o durante un culto nocturno de oración; o no ha visto a su familia, hermanos y amigos de su congregación siendo colgados como lámparas encendidas, ni devorados por perros, tigres o leones en una arena pública, entonces usted no ha vivido gran tribulación. Pero mi querido lector, eso no significa que otros en otras naciones, pueblos, culturas y épocas no lo hayan vivido o lo sigan viviendo.

Puedo escuchar aquellos que declaran lo contrario diciendo que en Apocalipsis se habla de LA gran tribulación (Ap. 7:14), que lo que yo he descrito anteriormente son grandes tribulaciones, pero no LA gran tribulación, la cual está por venir, según ellos. Lo que ellos quieren ignorar es que lo dicho en Apocalipsis tiene que entenderse en el contexto de los pasajes previos de Jeremías 30:7 y Daniel 12:1, lo enseñado por el mismo Maestro en los Evangelios (Mt. 24:21,29; Mr. 13:19,24) y los apóstoles (Hch. 14:19-22; Ro. 5:3-5; 2Co. 1:3-6; 4:15-18; 6:1-10; 8:1-2; Ef. 3:8-13; Fil. 4:10-16; 1Tes. 1:6.8; 1Pe. 1:6-9; 4:12-13,15-16,19). Es regla hermenéutica no basar una doctrina en un solo pasaje y mucho menos en uno de género apocalíptico.


Engaño

El Maestro vuelve a repetirle a sus discípulos que habrá muchos falsos cristos y falsos profetas cuyo objetivo será engañar, “de ser posible aún a los escogidos” (Mt. 24:24-26; Mr. 13:21-23). Pablo también dice que en los últimos días será enviado “un poder (espíritu) engañoso, para que crean la mentira” (2Tes. 2:11). 

Es claro que este poder engañoso se ha fortalecido a través de los siglos; y es mi oración querido lector, que usted pueda abrir los ojos sobre lo que las fuerzas de las tinieblas están haciendo en nuestro tiempo y no sea engañado; sino que siguiendo la Palabra de Dios, le puedan ser abiertos los ojos de vuestro entendimiento.

El Nuevo Orden Mundial
Las fuerzas de las tinieblas también tienen orquestado todo un plan para engañar a las naciones y someterlas a lo que ellas han denominado el “Nuevo Orden Mundial”. Hay sociedades ocultas, instituciones políticas, gubernamentales, culturales, económicas y religiosas poderosas que están detrás de todo este plan maligno, que se presentan ante las naciones como cristos y profetas; pero su naturaleza está llena de toda falsedad, mentira y engaño.

En este libro deseo exponer con todo el riesgo que eso implica algunos de estos engaños, con los que la iglesia ha sido seducida, engañada y en algunos casos atrapada, de manera de no disfrutar y experimentar la libertad y bendición que trae la Palabra de Dios a todos aquellos que la creen y la obedecen.

El templo
Ya hemos visto el engaño sobre el templo y la gran tribulación.  Sobre el templo se ha dicho que habrá una redificación del templo antes que venga el Mesías. Ésta es principalmente una enseñanza y expectativa judía, porque ellos no creen que el Mesías ya vino. Pero debemos decir aquí que ni el Señor ni los apóstoles enseñaron sobre una tercera redificación del templo. En el Nuevo Testamento las únicas referencias sobre la reaparición del templo las vemos en Apocalipsis y siempre aparece viniendo del cielo, y no de la tierra (Ap. 11:1-2,19; 15:8; 21:10,22). Y las enseñanzas apostólicas dicen que ahora el templo de Dios es la iglesia, compuesta ya no de una nación, sino por los creyentes de todas las naciones y habitada por el Espíritu Santo de Dios (1Cor. 3:16; 6: 19-20; Ef. 2:17-22; 1Pe. 2:4-5,9-10). El templo, desde que Dios envió su Santo Espíritu, aquel Pentecostés del siglo 33 d.C., es la Iglesia. Y ese será el templo que aparecerá juntamente con Cristo en gloria, en Su venida (Ap. 
21:10,22).  El mensaje del año 70 d.C. fue claro: ya no habrá más templo terrenal, porque las sombras pasaron, y he aquí lo real ha llegado (He. 10:1-9). 

Y a modo de advertencia, en el supuesto caso que sea construido forzadamente un templo en Jerusalén, eso ocurrirá por engaño de falsos profetas y anticristos, que como hemos dicho buscarán engañar al pueblo judío y de ser posible a los escogidos de Dios.

La Gran tribulación
Con respecto a la enseñanza que la iglesia no pasará por la gran tribulación, baste señalar aquí que esta enseñanza ha venido principalmente de los países opulentos del hemisferio norte. Y como dije anteriormente la evidencia bíblica e histórica demuestran que la iglesia, al igual que el pueblo judío, ha pasado y pasará por gran tribulación “como no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá”, dice el relato de Mateo (Mt. 24: 21), “aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni lo habrá”, dice el relato de Marcos (Mr. 13:19); “será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces”, dice la profecía de Daniel (Dn. 12:1); “¡Ah cuán grande es aquel día! Tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob”, dice Jeremías (Jer. 30:7); e Isaías dice “Y mirarán a la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas, oscuridad y angustia; y serán sumidos en las tinieblas” (Is. 8:22). De hecho, en Apocalipsis el Señor mismo le dice a una de sus iglesias que será castigada con “gran tribulación” (Ap. 2:22) y luego el apóstol vio una gran multitud de creyentes en Jesús que “salieron de la gran tribulación” (Ap. 7: 14).

Este engaño que dice que la iglesia no pasará por la gran tribulación creará decepción contra la Palabra de Dios, cuando los creyentes de todas las naciones experimenten las grandes dificultades que seguirán hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. Estos creyentes no estarán preparados para tales pruebas y sufrimientos, entonces su fe flaqueará y su amor por el Señor se enfriará. También, esta enseñanza ciega el entendimiento de los creyentes, pues éstos no se percatan de eventos proféticos que están aconteciendo ante sus ojos, los cuales ellos creen que sucederán después y no ahora como realmente están pasando; ya que ellos esperan no sufrir ni pasar por la gran tribulación.

Veremos más adelante otros engaños que han sido promovidos durante muchos años y han sido esparcidos de la misma manera, con toda una maquinaria propagandística y mediática muy poderosa, a través de libros, películas y videos.



En la próxima entrega hablaremos de otro tema controversial: El Rapto, sobre cual también se ha tejido toda una red de mentiras y falsedades apoyadas por todos los recursos multimedias posibles de nuestra era...  Si desea continuar, haga click aquí.


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La Biblia y las profecías del 2012

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¡DÍGALE NO AL PLAGIO!






8 de enero de 2014

VIAJE A ISRAEL 2014

VIAJE A ISRAEL 2014
A las Puertas de Jerusalén
Segundo viaje de intercesión para Israel
Por apóstol Dr. Daniel Guerrero



Este año 2014, nuevamente viajaré junto con un equipo de intercesores, pastores, profetas y líderes hacia la ciudad de Jerusalén, a la que el Señor me ha dirigido nuevamente a ir a orar para la salvación y restauración de Israel (Rom. 9:1-5; 10:1-4) y para bendición de todas las naciones (Rom. 11:11-16). En el año 2009 oramos en la ciudad de Granada, España; en el 2010 oramos en la ciudad de Roma, Italia; en el 2011 oramos en la ciudad de Atenas, Grecia; y en el 2012, oramos también en la ciudad de Jerusalén, en Israel, cerrando así el ciclo de intercesión en las Cuatro Puertas antiguas de influencia mundial.

Ahora, del 21 al 29 de mayo del 2014, oraremos en las ocho (8) puertas de Jerusalén; y oraremos por la paz de Jerusalén; oraremos por la salvación de los judíos y clamaremos, junto con el Espíritu, para que nuestro Señor Jesucristo regrese en gloria, para establecer Su reino desde Jerusalén y a todas las naciones.

Por eso he llamado este Segundo viaje "A las Puertas de Jerusalén", pues en el año 5774, el Año de la Puerta, iremos a las ocho puertas de la ciudad y oraremos por la paz, la salvación y restauración de sus pobladores. Desde Jerusalén el Rey de los cielos salió y subió a Su trono de gloria, y a Jerusalén regresará nuevamente a entrar y establecer Su reino en toda la creación. Ninguna otra ciudad tiene semejante historia y promesa; y ningún otro hombre dijo de sí mismo que fuera "la Puerta del cielo" como lo hizo nuestro Señor Jesucristo (Jn. 10:1-9; 14:6). Tanto esta ciudad como el Salvador están unidos espiritualmente por toda la eternidad, desde los tiempos de Abraham hasta el presente y por los siglos.

Ésta será, sin lugar a dudas, una experiencia espiritual y cultural gloriosa, que marcará nuestras vidas y nos permitirá leer vividamente las Sagradas Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

En esta Segunda oportunidad nos concentraremos en la ciudad de Jerusalén, que servirá de base desde la cual visitaremos la ciudad vieja y sus alrededores, la moderna Jerusalén, lugares históricos cercanos y a la región de Galilea.  Y por ahora les comparto el itinerario propuesto para nuestro viaje a Israel:

ITINERARIO PROPUESTO
1. Puertas del este: Los Leones (Esteban) y la Oriental
Monte de los Olivos, Jardín de Getsemaní, Gólgota, Estanque de Betesda

2. Puertas del norte: Herodes y Damasco
Sultan Suleman, Museo de Rockefeller

3. Puertas del sur: Sión y Muladar
Estanque de Siloé, Monte Sión, Muro de los Lamentos, Explanada del Templo

4. Puertas del oeste: Jaifa y Nueva
Tumba de David, Aposento alto

5. Parlamento de Israel, Museo de Israel y Museo del holocausto

6. Mar de Galilea, Capernaum y Nazareth, Monte Tabor, Jaifa y Monte Carmelo

7. Ein Karem y Belén, Río Jordan

8. Regreso


En vista de la naturaleza de este viaje, hemos abierto nuevamente el margen de participación a todos aquellos que deseen unirse a nuestro equipo de intercesores-adoradores, que me acompañarán en este Segundo viaje de intercesión profética a Israel.  Y otra vez estoy planificando una jornada especial de capacitación y orientación sobre el tema de caminatas de oración y de intercesión profética, para que juntos podamos movernos en la misma visión y servicio a nuestro Señor Jesucristo.

Más adelante estaremos dando los detalles para todos los participantes de nuestro equipo, sobre los costos del viaje (incluirá los boletos, alojamientos, comidas, transportes a los sitios y certificado), obtención de visa para entrar a Israel y el entrenamiento especial sobre intercesión profética.

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CONTACTO
Si usted desea participar de este viaje de intercesión profética a Israel deberá contactarme al siguiente correo electrónico: counselor4life@gmail.com, para darme los siguientes datos digitalizados (preferiblemente en foto digital, en vez de PDF):
1.- PASAPORTE
2.- CÉDULA DE IDENTIDAD

Acompañado de los siguientes datos:
Nombres y Apellidos completos
Ciudad y Estado de origen (desde donde piensa salir)
Correo electrónico personal (Email)
Teléfonos de contacto (uno fijo y otro móvil)
Iglesia y/o organización eclesiástica a la que pertenece

Esta información DEBE ENVIÁRMELA TAN PRONTO COMO PUEDA para iniciar el proceso de obtención de la visa de turista a Israel.

Una vez que usted me contacte por mi correo electrónico, le estaré enviando regularmente información actualizada sobre el viaje, mensajes y artículos sobre el tema de intercesión profética y lo que el Señor vaya poniendo en mi corazón para compartir con el equipo que viajará conmigo en este viaje de intercesión profética.

También si lo desea, puede contactarme por los siguientes teléfonos: 0416-244.4663 y 0414-050.6996; pero solamente consideraré a aquellos como candidatos a participar en este viaje de intercesión profética a Israel, aquellos herman@s que me contacten vía correo electrónico y me den los datos solicitados arriba.

ORACIÓN
Les agradezco a todos que nos acompañen en oración porque los desafíos logísticos para realizar este viaje desde Venezuela son muchos y difíciles; tales como las medidas restrictivas del gobierno venezolano para la obtención de los Dólares para viajar, así como la compra de boletos aéreos.

También oremos por los trámites para las visas y la activación y operatividad de las tarjetas de créditos.

¡Una vez más, gracias por su compañerismo ministerial y espiritual en oración!


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3 de enero de 2014

EL GRAN ENGAÑO III

EL GRAN ENGAÑO III
Crónicas de intercesión profética en los Estados Unidos de América

La profecía de las Setentas semanas de Daniel
Por apóstol Dr. Daniel Guerrero


INTRODUCCIÓN











Como vimos en la Segunda parte de este estudio sobre El Gran engaño, nuestro Señor Jesucristo citó la Profecía de las Setentas semanas del profeta Daniel, cuando Él estaba hablando que, dos de las señales del fin de los tiempos será el auge de falsos cristos y falsos profetas.

Y en vista que esta profecía es clave para entender lo que el Maestro le quiso enseñar a Sus discípulos y para entender otras señales y profecías del Nuevo Testamento, vamos a detenernos, en esta Tercera parte, en su análisis.

La Profecía de las Setentas semanas se encuentra en el libro del profeta Daniel (9:20-27) y dice de la siguiente manera:
»”Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, poner fin al pecado y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, sellar la visión y la profecía y ungir al Santo de los santos.
Sabe, pues, y entiende que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas; se volverán a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.  Después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y nada ya le quedará.
El pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario, su final llegará como una inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.
Por otra semana más confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después, con la muchedumbre de las abominaciones, vendrá el desolador, hasta que venga la consumación y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.”»


Ahora analicemos esta profecía, que es dada por el Maestro como una de las Señales del fin de los tiempos...

La Destrucción del templo 

El contexto es la profecía de las setenta semanas dada al profeta Daniel (Dn. 9:20-27). El profeta se encontraba exiliado en Babilonia, el imperio gentil de turno que destruyó el templo y la ciudad. Pero antes que todo esto aconteciera, como suele suceder, Dios envió a un profeta, Jeremías, quien durante cuarenta años profetizó sobre la caída y destrucción de Jerusalén y el templo. Por supuesto, nadie le creyó y el profeta Jeremías sufrió encarcelamiento y mucha tribulación por compartir la Palabra que Dios le había dado. Pero al final, su mensaje resultó ser cierto y Babilonia destruyó a la ciudad y al templo en el 587 a.C. Pero en sus escritos Jeremías compartió una profecía, que a los 70 años de cautiverio y servicio en Babilonia, Dios liberaría a Su pueblo de tal opresión y regresarían a la tierra que El les prometió a sus padres (Jer. 25:11).

Daniel recibió la profecía de las setenta semanas, cuando él estaba confesando los pecados de su pueblo e intercediendo para que Dios cumpliera la palabra que El envió a través de su siervo Jeremías (Dn. 9:1-19). Lo curioso aquí es que el ángel del Señor le dice que su oración fue oída, pero que ¡después de los 70 años vienen setenta semanas más! Y serán también setenta semanas de destrucción sobre su pueblo y la santa ciudad. Recomiendo al lector que tome el tiempo necesario para leer estas profecías, tanto la de Jeremías como la de Daniel, para que tenga un entendimiento claro del tema.

Pero aquí nos encontramos con una dificultad técnica: aunque ambas profecías se relacionan, no se pueden interpretar de igual manera, pues debemos tomar en cuenta el estilo literario de estos dos libros. El libro de Jeremías tiene un estilo literario que se conoce como discurso profético y el libro de Daniel entra en lo que se llama el género apocalíptico. Por eso la profecía de Jeremías es más fácil de entender y por lo tanto interpretar; no así la de Daniel, que en muchos momentos está llena de símbolos, signos y figuras no-naturales, y apunta a una salvación no sólo nacional (judía), pero cósmica, universal. Dicho lo anterior, prosigamos con esta importante señal dentro de los eventos del fin.

El ángel le dice al profeta Daniel: 
“setenta semanas están determinadas (decretadas según la NVI) sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos”

Es decir al cumplirse esta profecía estas seis cosas tienen que pasar.  Pero realmente no son seis cosas, si seguimos el estilo literario judío de “repetición”, realmente tenemos tres cosas que van a pasar:
  • terminar la prevaricación – poner fin al pecado.
  • expiar la iniquidad – traer la justicia perdurable.
  • sellar la visión y la profecía – ungir al Santo de los santos.
Esto además concuerda con el estilo en que la profecía es entregada, o sea en tres partes (ver también Daniel 12:7,11,12)

1ra. Parte: Se da la orden para restaurar y edificar Jerusalén.

2da. Parte: Se reconstruye la ciudad y el templo en tiempos angustiosos hasta que se presenta al Mesías Príncipe

3era. Parte: Se le quita la vida al Mesías y luego el pueblo de un príncipe destruirá la ciudad y el santuario.

Y concuerda con los tres tiempos apocalípticos dados en Daniel y Apocalipsis (“un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo”, Dn. 7:25; 12:7; Ap. 12:14). Y los tres ciclos de juicios dados en la revelación de Juan: Sellos, Trompetas y Copas (Ap. 6:1-16:21).

La señal dada por el Maestro sobre la destrucción del templo y los tiempos del fin está enmarcada en esta profecía de las setenta semanas, por lo cual tenemos que leer y entenderla para poder continuar. Primero para poder entender el cumplimiento de esta profecía tenemos que empezar aclarando que el tiempo o calendario bíblico, era lunar y no solar, como el que usamos actualmente. Las setentas semanas, literalmente en hebreo son setenta sietes, indicando que cada día representa un año; es decir una semana es equivalente a 7 años. En el calendario judío un año constaba de 360 días (de 12 meses, de 30 días cada uno).  Siguiendo este esquema, veamos el cumplimiento de esta profecía, con las especificaciones que nos da el profeta Daniel:

1era. Parte: Orden de restaurar y edificar Jerusalén por el rey Artajerjes (Neh. 2:1-8): Según los cálculos sería en el mes de Nisán del año 444 antes de Cristo.

2da. Parte: Se presenta al Mesías Príncipe, lo cual creo que sucede en la entrada triunfal de Jesús, cuando es proclamado como el rey-mesías prometido (Zac. 9:9); es decir en el mes de Nisán del año 33 después de Cristo.

3era. Parte: Se le quita la vida al Mesías, lo cual sucedió en el
Nisán del año 33 después de Cristo. Y la destrucción del templo ocurrió luego, por medio de los ejércitos romanos, liderizados por Tito, hijo del emperador (un príncipe), en el año 70 después de Cristo.

Es decir que se cumplieron exactamente 483 años, tal como lo profetizó Daniel. El reto lo tenemos es con la última semana (7 años), pues es claro que el cumplimiento de los eventos profetizados no se cumplieron en 7 años literales, sino en aproximadamente 70 años (70 años de Jeremías, 69 semanas y 70 años de Daniel). Aquí los intérpretes bíblicos se dividen y algunos proponen un paréntesis entre la semana 69 y la semana 70. Otros creemos que hubo un cumplimiento literal. En ambos grupos el desafío de la última semana permanece. Pero cabe resaltar aquí que, tanto la venida y muerte del Mesías como la destrucción del templo, ocurren en un período de 70 años. De hecho la muerte del Mesías ocurre prácticamente a la mitad de esos 70 años (33 d.C.); el pacto, el nuevo pacto en Cristo (Ver Lucas 22:20; Hechos 2:44-47) es confirmado, mediante la predicación de los apóstoles y la iglesia en Jerusalén; y luego viene la destrucción del templo y la ciudad. Y también se cumple la profecía dada por el Maestro que esa generación no pasaría sin que los eventos que él anunciaba sucedieran (Mt. 24:34), lo cual fue cierto porque pasaron menos de 40 años, antes de la destrucción del templo.

Personalmente no veo ningún paréntesis o separación. Veo sí el cumplimiento literal de los 70 años de Jeremías, los 483 años de la profecía de Daniel (69 sietes o semanas) y los eventos profetizados de la última semana (en 70 años), que permanece como un desafío hermenéutico, profético. Por esa razón, en vista que suele pasar que una profecía tiene más de un cumplimiento, dejo el espacio para que esta profecía sea una señal, un tipo, de lo que pudiera suceder al final de los últimos días antes de la venida del Señor (Ver Dan. 12:4-9). También estoy abierto a un doble cumplimiento para el término ‘generación’, además del dado arriba (grupo de personas que viven en un período de 40 años); ya que generación también puede significar “raza”, descendientes de alguien (Gen. 17:7,9; Mt. 1:17). Esto nos puede indicar que los descendientes (raza) de Jacob, en este caso los judíos (Jer. 30:7; Dn. 12:1), permanecerán hasta el fin y la venida del Mesías Príncipe.

Pero le recuerdo al lector que estamos en el contexto de la declaración de Jesús sobre la destrucción del templo, en la cual el Maestro les da instrucciones específicas a sus discípulos sobre qué hacer cuando aquel día venga. Él les dice: “cuando vean en el lugar santo la abominación desoladora de que habló Daniel (el que lee, entienda) entonces… huyan” (Mt. 24:15). Ese día ya pasó y se cumplió en el año 70 d.C., tal como lo profetizó Daniel y el mismo Maestro. 

Además de los tiempos establecidos para el cumplimiento de las setenta semanas de Daniel, también podemos ver que se cumplieron los eventos que fueron predichos. Repasemos:

1. Terminar la prevaricación y poner fin al pecado. Con el sacrificio del Mesías se puso fin al pecado de prevaricación (incumplimiento de los deberes) del pueblo judío contra la ley de Dios. Es decir, quedaba abolida la exigencia del cumplimiento de la ley dada por Dios a Moisés, para ser justificados ante El. Ya la voluntad de Dios no es el cumplimiento de la ley mosaica, sino que aceptemos el sacrificio hecho en la cruz del Calvario y creamos en la obra redentora del Hijo de Dios, el Mesías prometido (Jn. 6: 28-48; 14: 6-7/Compare con las enseñanzas del apóstol Pablo Rom. 3: 9-31; 6: 1-14; Gál. 3: 19-4: 7; Ef. 2: 1-22).

2. Expiar la iniquidad y traer la justicia perdurable. Con su sacrificio sustitutivo en la cruz, el Señor, como un cordero para el holocausto (Ex. 29:38-42; Jn. 1:29, Is. 53:1-12), expió los pecados de toda la humanidad y estableció la justicia perdurable, la cual ninguno de nosotros, como seres humanos caídos podríamos lograr. Es por esa razón que las cortinas del lugar santísimo se rompieron y hubo un gran temblor (Mat. 27:50-51; Mar. 15:37-38): el camino nuevo a Dios había sido abierto, por medio de la justicia de Aquel, que nunca cometió pecado. El sacrificio del justo por los injustos (Vea Rom. 5:1-11; Col. 2:8-23; Heb. 9:23-10: 22).

3. Sellar la visión y la profecía y ungir al Santo de los santos.
La profecía de las setenta semanas de Daniel marca cierta culminación de un período profético, el cual como dijimos llega hasta el año 70 d.C. Después de tan dramático y traumático evento, como fue la total destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén, los judíos perdieron su tierra, su patria, y fueron esparcidos por todas las naciones. Para la iglesia igualmente fue un tiempo muy difícil que continuó con ciclos de persecución y de crisis. Es en ese contexto de confusión, expectativa y persecución que el apóstol-profeta Juan recibe la Revelación de Jesucristo, el Apocalipsis, que después de los mensajes a las iglesias, comienza con la apertura de un libro con siete sellos (Ap. 5:1-6). Es decir, podríamos afirmar que Apocalipsis comienza donde termina Daniel (Dn 12:9). Y en la revelación que nos da Juan vemos claramente que la profecía estaba sellada y el Santo de los santos es ungido, como el Soberano de toda la creación, el León de Judá, para abrir los sellos de las profecías establecidas para el tiempo del fin. Sólo el Mesías, quien estaba sentado en el trono, pudo abrir los sellos y el libro (Ver Ap. 4:1-5:14).

Es decir, que podemos concluir que esta señal de la destrucción del Templo de Jerusalén ya se cumplió, pero que también debemos estar atentos al cumplimiento de otros eventos relacionados a la profecía de las setentas semanas dada al profeta Daniel.


Bien, este fue un breve estudio sobre la Profecía de las setentas semanas del profeta Daniel, para que el lector, leyendo la Biblia y conociendo un poco de historia, pueda captar que esta profecía ya tuvo un primer cumplimiento y que es muy probable que tenga un segundo cumplimiento al final de los tiempos, previo a la Segunda venida del Señor.

En la próxima entrega vamos a analizar otra señal, otra profecía, que también ha sido distorsionada por otros intereses contrarios al Evangelio del reino de Dios: La Gran tribulación.

Si desea continuar con la Cuarta entrega, haga click aquí.
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